El Proto y su máquina de mirar chilangos

septiembre 20, 2006

¿Le encero la bomba?

Archivado en: Usos y costumbres — Protochilango @ 1:17 am

¿Le encerro la bomba? Escuchaba cada vez que iba a cargar combustible y siempre decía que no. Pensando que se trataba de alguna costumbre chilanga de darle potencia a la máquina con algún aditivo. ¿Encero la bomba? Otras veces pensaba que el propinero de la PEMEX sugería darle algún brillo a la pintura del Tsurubí.

¿Le encero la bomba?, escuchaba yo y suponía que se refería al coche, dada la obvia conjunción entre la fascinación chilanga por los objetos brillantes y la inclinación al servilismo que domina esta clase de trabajador informal.

-Mamita, qué bicapa tenés!. Perdón, es que pasó una Tigra.

Volviendo al tema de las condiciones de trabajo en las desoladas playas de las gasolineras. Más de una vez escuchaba ¿Le enciendo la bomba? y en esos casos les decía que sí!. Que encienda la bomba y despache nomás, pulpero!.

Esta situación se mantuvo durante unos cuatro años hasta que una vez que volvía de hacer una entrega en Tecamachalco, la oleosa cortina de la ignorancia se disolvió cual llamarada de nafta súper. Venía con el Gordo Moon de guarura, nos habíamos quedado con unos cincuenta gramos de puro queso merluza y encima algo de lana. Paré en una gasolinera y se dio el siguiente diálogo.

Propinero de Pemex: -Le encero la bomba!. Sacando la manguera del surtidor.

Proto: -No, gracias! -Queriendo ser gentil frente a un natural del DF.

Gordo Moon: -Como que No gracias, pendejo!. –Bajando la ventanilla y hablando al propinero. –Sí, ponle en ceros la bomba. No ves ques argentino el güey.

Proto: -¿Cómo que en ponga En-ceros-la-bomba?. -Sorprendido por el atraso tecnológico tercermundista en un país norteamericano, en un miembro pleno del NAFTA, ya que estamos. –¿Acaso el surtidor no se pone en ceros automáticamente cuando el operador lo activa para atender al próximo cliente?

Gordo Moon: -Claro, güey, y los pollitos maman, no?. Agachándose para partir con la tarjeta de Telmex un pedacito de queso en la tapa de una latita de pastillas Usher’s. –En el mundo de los Pitufos la bomba se pone en ceros sola, pero acá es México, güey. -Dijo el Gordo dandole un jalón a la fina línea de queso que había esparcido gentilmente sobre la latita de Usher’s. -Y acá, estos cabrones no te cuelgan la manguera, le ponen un “diablito” para cobrarte la venta anterior. El chavo te avisa que te pone en ceros la bomba, que no te está cagando. ¿Tú que entendías, pinche indio?

El Gordo se terminó el segundo quesito, agachándose todo lo que su barriga le permitía.

Proto: -Ah, por eso es que mi Tsurubí tragaba y tragaba Magna?. Acariciando el tablero. –Perdón, mi fiel Tsurubí, por un momento pensé que te habías vuelto bulímico. Mirando al Gordo. –Yo pensé que me preguntaba si le ponía algún aditivo o le daba una mano de cera. Algo así.

Gordo Moon: -Estás completamente chiflado, Proto.

Remató el Gordo ofreciendome la tapa de las Usher’s con dos fetas de queso primorosamente peinadas. Las terminé antes de que llegara el propinero. Pagué y no le dejé nada, pinches indios me han estado robando todo este tiempo. Pensaba en el petroleo mexicanos y todas las maneras que los chilangoztecas tienen tiene para estirar las regalías petroleras que sostienen este teatro llamado México lindo y oleoso. No he leído una sola línea de Francisco Martín Moreno, lo juro. Ni sé de Don Lázaro Petrolero más que lo que dice al pie de la Torre del Petróleo en Reforma y Periférico. Pero si mirás a contraluz de una gota de Premium te impresionan los octanos de dominación que derrama.

Arracamos con Tsurubícho a tanque lleno. Salimos por Palmas hacia la casa de Santa Fé fuimos a toda mecha, escuchando Los Alacranes de Xochiaca. El Gordo venía llamando a unas viejas pericas que según él estaban buenérrimas. Pero ya conocía sus gustos en materia de carnitas y carmines.

Mejor me dedicaba a leer el Libro Azul.

Mañana será otro tanque.

septiembre 3, 2006

La obsesión del mediodía

Archivado en: Usos y costumbres — Protochilango @ 4:34 am

Cuando empieza el día? Cuando sale el sol.. cuando dan las 6… cuando canta el gallo…

Cuando comienza la tarde? Cuando dan las doce… cuando el sol está alto… después de la siesta….

A que hora es la noche? Quien sabe….

Son cuestiones que al común de los mortales les tiene sin demasiado cuidado. Según la latitud se saluda y a las cosas. Hay pueblos que dicen buen día a lo largo del día a personas que ven por primera vez. Hay otros pueblos que sólo contestan buenas tardes si ya han almorzado, si no lo han hecho siguen diciendo buenos días hasta después de comer. Desconozco costumbres más exóticas como las orientales, las nórdicas, ni siquiera las peruanas yen Brasil no presté atención. Me son ignotas  las sutilezas versallescas, provengo de unas soledades en las que el saludo es un lujo.

En el mundo chilango la salutación certera parece ser interpretada como señal de dominio del tiempo y las artes de la precisión temporoespacial, aunado con una inteligencia y sagacidad, ya que la carencia de ella da lugar a burlas generalizadas y sonrisas burlonas. El saludar a la hora precisa es tomado como un signo de superioridad, de agudeza, de que tiene reloj.

Chilanguizándome  me encontré con esta rigurosidad cronométrica. El saludo casual convertido en un huso filoso para cazar despistados. Uno debe saludar exactamente buenos días hasta las 11:59 y a partir de las 12 en punto se debe seguir la regla de desear las buenas tardes. Esta costumbre no exige que al dar las doce uno deba volver a saludar a personas con las cuales se esté conversando o realizando alguna actividad conjunta en ese momento y ya se le haya deseado los buenos días previamente.

Si un distraído transeúnte recienvenido o una despistada sempiterna o un atrasado saludador llega a saludar de manera extemporánea, es corregido con un veloz, Tardes!!, por ejemplo, si ha dicho buenos días después de las doce. O un …Días, todavía…! La exactitud del saludo meridiano es la mas marcada, a la mañana por lo general es buenos días y las noches por ahí de las ocho, poco más poco menos, no es tan grave, pero el mediodía es sagrado, no hay excusa, en México son las doce y todo chilango que se precie está al pendiente del segundero.

Este afán de precisión saludante, este regocijo vano pero exacto, esta costumbre vacía pero resistente de decir los buenos días a sus horas y las buenas tardes a su también y dejar las noches para cuando ya no quede nadie escuchando el tic tac de nuestra inexorable marcha hacia el adiós.

agosto 29, 2006

Ahí tiene su casa

Archivado en: Usos y costumbres — Protochilango @ 9:57 pm

Los chilangos acostumbran a referirse a su casa como su casa, no como mi casa. Esto da lugar a confusiones y desconcierto entre los recienvenidos y deja a la vista una sublimación de la hipocresía, una retorcida manera de decirte que no lo podrás encontrar.

-          Usted donde vive?

-          En Iztapalapa, colonia de Guadalupe, detrás del reclusorio. Ahí tiene su casa.

Cuando un chilango da la dirección de su casa casi nunca es preciso, pero agrega esta fórmula de cortesía que debe tener algún sentido mágico, alguna forma de encantamiento geepesiano, porque jamás llegarás a su casa con esos datos. Además que el chilango sólo te invitará a tu casa, luego de haberte visto muchas veces fuera de ella, de conocerte a fondo.

No voy a redundar sobre el carácter chilango, que otros han dicho bastante y mejor que yo. Pero la invitación a que allí está su casa, es un misterio para mí. Lo sigue siendo a pesar de tantos años de estar preguntando a los chilangos porque dicen su casa, cuando deben decir mi casa; y ellos tampoco tienen respuesta más allá de que es una costumbre, una cortesía, una forma de decir que el otro es bienvenido, o sería bienvenido, que si precisa algo por aquellos rumbos, pero la mayoría de las veces nada de eso se cumple, sólo queda en una fórmula. O más o menos.

Ahí tiene su casa. Ahí tiene su refugio, ahí tiene un  amigo, nada de eso es cierto en el momento de decirlo. No quiero que vayas, no eres digno de conocer mi intimidad, eso es lo que en verdad dicen. Quieren decir, peor lo disfrazan de la más cortés de las invitaciones. Puedes venir a mi casa cuando quieras, pero no. Nunca sin avisar, jamás creer el sentido explícito de las palabras chilangas, dulces a los oídos, hirientes en la realidad.

Ahí tiene su casa, es mucho más íntimo y servil y mentiroso, que nuestro -Veníte a tomar unos mates, un día de éstos. -Dale, te llevo unos criollitos. Se llevan criollitos todavía? se toman mates todavía? Pregunto, existe aquello todavía? Ahí tiene su casa, sírvase de ella, tome lo que es mío. Ante un otro cualquiera, tomar el lugar del desposeído, del que reconoce la superioridad del otro inmediatamente y le entrega su casa, que se adueñe de su intimidad. Que lo posea. Que lo haga propio. Que lo avasalle.

Sabiendo que ese juego no se dará, que en cuanto el otro crea que la barrera se ha levantado, que se lo ha invitado a jugar, se dará con la puerta en la cara, con la evasiva, la vaguedad y el contratiempo constante para ir a la casa, a su casa. Ahí tiene su casa, métasela donde le quepa, dan ganas de decirle.

Ahí tiene su casa, es una forma de decir, y a usted que le importa donde vivo? Donde está mi casa? Cuando le tenga confianza lo invitaré, no me venga con chingaderas.

Ahí tiene su casa. A un amigo recienvenido como yo, pero de más nivel que yo que lo trajeron expatriado de la empresa, y todo el rollo pago. Tuvo su primer encuentro con el lenguaje chilango fue una invitación de su jefe a comer el jueves en su casa. –El jueves hacemos una cena en su casa, pregúntele los detalles a Lupita. (La secretaria). Le dijo el tipo muy campante. La Lupita, le dice el jueves a las nueve y media, en su casa de él, o algo así. Y le deja la dirección de su casa a la Lupita, que no se entera de nada.  Y se queda con la idea que tenía que hacerle la cena al jefe. Llega el jueves y el tipo no llega a la casa del jefe y el jefe tampoco llega a la casa del tipo. Cada uno esperando en sus respectivas casas. A eso de las 10 y pico. Llamada del jefe. –Oiga lo estamos esperando. –Nosotros también. Ahí tiene su casa.

febrero 1, 2006

La propina

Archivado en: Usos y costumbres — Protochilango @ 5:11 am

Si venís al país chilango preparate a que todo paso te cueste, y no sólo por la altura y el aire enrarecido, sino que te cueste en metálico. Todo mundo quiere su propina, su navida, su calaverita, que es cuando piden de día de muertos, su mochada, su mordida, si cachito, su entre. Todas formas de sacar tajada de algo que no está en la cuenta.

No sólo se paga el buen servicio, sino que todo se paga, si no lo pagás al entrar lo pagás al salir. La vieja que te surte en el mercado te echa unos frijoles de más sabiendo que la balanza está tocada, y el inspector que revisa las balanzas cada vez que viene se lleva sus ricas cerezas y un paquetito preparado. Y el taxita nos pasea con reloj pininfarina, ya contaré de los taxiaztecas y sus costumbres.

La propina chilanga es una forma del empleo, las personas que despachan gasolina viven de las propinas, ya que no tienen más que algo de sueldo, el uniforme y un seguro por si se mueren, lo mismo pasa con los policías de la calle, los de tránsito, que son una organización delictiva al servicio de la corona, ya hablaremos de ellos, cuando toque, y los auxiliares, que son unos que ponen para cuidar edificios, estacionamientos, cuando hay partidos y esas cosas.

Son personas comunes y corrientes que las contratan para hacer de polesía, le dan una explicación, un librito, un uniforme y los mandan a cuidar parques,  a estos le pagan como unos 2500 pesos al mes, algunos viven en casas de cartón, o chapa.

Estos polesías reciben propinas por cuidar o lavar coches, por ayudar con las bolsas del super, por cortar el pasto y cosas así, ser polesía es una changa más, si tiene algún superior pariente o relacionado por situación de parentesco, con o sin consanguinidad, pero de un grado relativo, cercano, es decir relacionado, pareja, puede ser que lo contraten de poli de patrullero, esos ya son otro boleto.

Pero estabamos hablando de la propina, no sé como vinimos a parar en lo de la corrupción policiaca.

julio 18, 2005

El tata tatata TA TÁ!

Archivado en: Usos y costumbres — Protochilango @ 4:03 am

Tata tatata TA TÁ!.Se escucha lo que escribo?

El tata tatata TA TÁ, ese cantito que hacía Carlitos Bala. Que en su época de gloria, ante un tata tatata anónimo cualquier extraño respondía Ba Lá y se producía una corriente de complicidad, de hermandad entre los desconocidos. Alguien se acuerda de esas cosas?

Cuando un argentino de cierta edad llega al DF de pronto una hola de nostalgia los invade porque en cada esquina, en cada cruce, en cada atorón se escucha el tata tatata TA TÁ. Quizás el visitante ocasional quede con la impresión que es otra de las influencias argentinas en la culturazteca, pero el Protoantropólogo descubrirá que en realidad se trata del fraseo sonoro de un popular insulto chilango. Chin-ga tu-ma-dre CA-BRÓN!

El “Chinga tu madre, Cabrón!” que es una curiosa forma de ofender el México, que los recienvenidos tardamos en descifrar y llegar a paladear como un buen insulto, de esos que te llenan la boca, como el “Andá hacéte culear!” o “La concha de tu madre” que tanto abundan en las calles indoctas de La Docta capital.

El verbo chingar acá tiene un uso distinto que el chingar rioplatense. Una frase común en las pampas sería “Me chinga la pollera”, si a alguien no le calza la falda, “Ay, le chingué” cuando alguien se equivoca o más bien no acierta con algo. El chingar mexicano tiene una clara connotación sexual, para una sesuda explicación, lea El Laberinto de la soledad de Octavio Paz, si no se lo quiere tragar a todo, vaya directo a “Los hijos de la chingada”.

En México, éste siempre es el camino más directo, “Vete a la chingada”, como para que entiendan y no estén chingados, el “Chinga tu madre” en México significa algo así “Tu puta madre” pero en un sentido más retorcido y viril, con alusiones incestuosas e imágenes de ripstenianas crudeza, también tiene otras acepciones más livianas como, “No estés chingando” “Ya no chingues” no estés molestando, otras son más terminantes como “Se lo chingaron” es que lo mataron, o lo golpearon, de allí el “Chingadazo” que es darse un golpe.

Voy a dejar de chingarle al teclado, porque se me chinga la mano, mano.

Esto de ser bilingüe es una chingadera.

junio 4, 2005

Los tamales oaxaqueños

Archivado en: Usos y costumbres — Protochilango @ 3:42 am

Los tamales oaxaqueños

He pasado noches en distintas colonias del DF y del estado de México. Las he pasado también en varios estados. Solo, acompañado, sobrio, pedo, crudo o desvelado. En el centro, en las periferias, en terreno plano o montañoso. Pero independientemente de mis estados mentales, en todas las colonias a eso de la tardecita, escuchaba el pregón de los tamales oaxaqueños. Esto es algo de lo que cualquier habitante chilango puede dar fe. Pero yo lo supe después de una dura tarea y varios kilos de más.

Todas las noches salen a la calle los tamaleros oaxaquenses. Amparados por la oscuridad, alentados por la indomeñable inclinación de los chilangos a engullir derivados del maíz en la vía pública y conjurados con la reticencia local a hacer la cena, oportunistas comerciantes se lanzan en unos triciclos de reparto, de esos que llevan una cajuela adelante y la rueda sobre la que van montados es la que guía el vehículo. Se lanzan, digo, a ofrecer su tentadora mercancía al grito de “Lleve los ricos y deliciosos tamales oaxaqueños”

El mismo pregón se repite de colonia en colonia. La voz es idéntica, el tono es monocorde, el ritmo es uniforme, sólo una ligera prolongación de la última o de oaxaqueños parecía distinguir un pregonero de otro. Pero no son voces idénticas, la única variación que logré detectar es que en algunas zonas, que no he terminado de clasificar, es que el pregón es diferente. En algunas zonas es Lleve los ricos y deliciosos tamales oaxaqueños, en otras es los ricos y calientito y en otros los ricos y recién elaborados. Que son ricos están todos de acuerdo, parece. Cuando era un recién venido, muy Protochilango creí estar enloqueciendo o que realmente algo muy raro estaría ocurriendo.

Escuchaba el mismo canto todas las noches. “Lleve los ricos y calientitos tamales oaxaqueños. Acérquese y pida los deliciosos y recién elaborados tamales oaxaqueños” Ya una vez es novedad, dos casualidad, pero tres, cinco, diez veces, esté donde esté, a la misma hora, el mismo tipo, con los mismos tamales. Yo no podía ni pronunciar lo de los tamales oaxaqueños, pero después que pasaba el carrito me quedaba en la cabeza un buen rato, los tamales ajaquenios, los tamales uajequeños, los tamales son pequeños. Decidí enfrentar la situación y paré al vendedor de tamales oaxaqueños.

Ya sospechaba que algo raro se traían estos tamaleros. Era una grabación, el pregón lo traen grabado. Llevan un parlante en el carrito, con una batería y algún medio de reproducción sonora que no alcancé a detectar, pero no me atreví a preguntar. Lo que si advertí es que el sistema de conservación de los tamales es a través del vapor, mediante un sistema un tanto rudimentario y para mi gusto peligroso y poco ecológico, poco después cambiaria de idea. Sobre el piso del carrito colocan un pequeño anafre, que es un artefacto para hacer fuego, allí encienden unos carbones, que cada tanto descubren para avivarlos mediante soplidos o movimientos rápidos de la mano ayudados por un trozo de cartón que llevan espacialmente y también sirve de agarradera y llegado el caso de combustible.

A los tamales los llevan sobre el anafre con los carbones, en unas ollas con compartimiento en la base para que no toquen el fondo, en donde llevan el agua hirviendo y otras paredes verticales, de la misma hojalata con que está hecha toda la ollas, pero aparentemente removibles, que separan los tamales oaxaqueños de los otros oaxaqueños, para que no se aplasten y en el tercer compartimiento, algunos tamales dulces, que a alguien siempre se le antoja a esta hora, pero lo que más sale son los oaxaqueños. Información que recibí la primera vez que me acerque a un puesto ambulante de tamales oaxaqueños.

Mi investigación de la subcultura del tamal, me ha hecho estar al borde de la muerte, no solo por mis preguntas indiscretas a obtusos tamaleros de mal talante, tampoco por las barriadas a las que me he metido a descubrir nuevos sabores, distintas moliendas, recetas picantes, variantes atrevidas del tamal oscuro, y su banano, ni aún por los 24 kilos que debo bajar si quiero ser un obeso presentable. La mayoría de las veces que he disfrutado un buen tamal, ha sido en las inmediaciones del Panteón de Cuauhtemoc, por el rumbo de Legaria, hay unos muy buenos, por todos lados hay, son como la noche, simplemente aparecen porque llegan.

A pesar de haberme ganado la confianza de más de un tamalero y haber invertido gran parte de la beca de la FLACSO en esta investigación, no he logrado descubrir que se esconde tras esta fachada de negocios circulantes. Porqué los triciclos son amarillos, quién es el dueño del negocio, dónde guardan los triciclos, porqué los traen en las mismas camionetas Nissan en todas partes, porqué la misma voz, la misma entonación, distinto mensaje, porqué nunca me he encontrado con otra persona al ir a comprar mis oaxaqueños, porqué nunca he visto a nadie comprar unos oaxaqueños, nunca nadie confiesa comer tamales oaxaqueños en la noche, pero los carritos tamaleros vuelven a llenar mi cabeza con su letanía de los ricos y calientitos y recién elaborados y deliciosos y enbananados y picositos tamalecitos oaxequeñecituuus.

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