¿Le encerro la bomba? Escuchaba cada vez que iba a cargar combustible y siempre decía que no. Pensando que se trataba de alguna costumbre chilanga de darle potencia a la máquina con algún aditivo. ¿Encero la bomba? Otras veces pensaba que el propinero de la PEMEX sugería darle algún brillo a la pintura del Tsurubí.
¿Le encero la bomba?, escuchaba yo y suponía que se refería al coche, dada la obvia conjunción entre la fascinación chilanga por los objetos brillantes y la inclinación al servilismo que domina esta clase de trabajador informal.
-Mamita, qué bicapa tenés!. Perdón, es que pasó una Tigra.
Volviendo al tema de las condiciones de trabajo en las desoladas playas de las gasolineras. Más de una vez escuchaba ¿Le enciendo la bomba? y en esos casos les decía que sí!. Que encienda la bomba y despache nomás, pulpero!.
Esta situación se mantuvo durante unos cuatro años hasta que una vez que volvía de hacer una entrega en Tecamachalco, la oleosa cortina de la ignorancia se disolvió cual llamarada de nafta súper. Venía con el Gordo Moon de guarura, nos habíamos quedado con unos cincuenta gramos de puro queso merluza y encima algo de lana. Paré en una gasolinera y se dio el siguiente diálogo.
Propinero de Pemex: -Le encero la bomba!. Sacando la manguera del surtidor.
Proto: -No, gracias! -Queriendo ser gentil frente a un natural del DF.
Gordo Moon: -Como que No gracias, pendejo!. –Bajando la ventanilla y hablando al propinero. –Sí, ponle en ceros la bomba. No ves ques argentino el güey.
Proto: -¿Cómo que en ponga En-ceros-la-bomba?. -Sorprendido por el atraso tecnológico tercermundista en un país norteamericano, en un miembro pleno del NAFTA, ya que estamos. –¿Acaso el surtidor no se pone en ceros automáticamente cuando el operador lo activa para atender al próximo cliente?
Gordo Moon: -Claro, güey, y los pollitos maman, no?. Agachándose para partir con la tarjeta de Telmex un pedacito de queso en la tapa de una latita de pastillas Usher’s. –En el mundo de los Pitufos la bomba se pone en ceros sola, pero acá es México, güey. -Dijo el Gordo dandole un jalón a la fina línea de queso que había esparcido gentilmente sobre la latita de Usher’s. -Y acá, estos cabrones no te cuelgan la manguera, le ponen un “diablito” para cobrarte la venta anterior. El chavo te avisa que te pone en ceros la bomba, que no te está cagando. ¿Tú que entendías, pinche indio?
El Gordo se terminó el segundo quesito, agachándose todo lo que su barriga le permitía.
Proto: -Ah, por eso es que mi Tsurubí tragaba y tragaba Magna?. Acariciando el tablero. –Perdón, mi fiel Tsurubí, por un momento pensé que te habías vuelto bulímico. Mirando al Gordo. –Yo pensé que me preguntaba si le ponía algún aditivo o le daba una mano de cera. Algo así.
Gordo Moon: -Estás completamente chiflado, Proto.
Remató el Gordo ofreciendome la tapa de las Usher’s con dos fetas de queso primorosamente peinadas. Las terminé antes de que llegara el propinero. Pagué y no le dejé nada, pinches indios me han estado robando todo este tiempo. Pensaba en el petroleo mexicanos y todas las maneras que los chilangoztecas tienen tiene para estirar las regalías petroleras que sostienen este teatro llamado México lindo y oleoso. No he leído una sola línea de Francisco Martín Moreno, lo juro. Ni sé de Don Lázaro Petrolero más que lo que dice al pie de la Torre del Petróleo en Reforma y Periférico. Pero si mirás a contraluz de una gota de Premium te impresionan los octanos de dominación que derrama.
Arracamos con Tsurubícho a tanque lleno. Salimos por Palmas hacia la casa de Santa Fé fuimos a toda mecha, escuchando Los Alacranes de Xochiaca. El Gordo venía llamando a unas viejas pericas que según él estaban buenérrimas. Pero ya conocía sus gustos en materia de carnitas y carmines.
Mejor me dedicaba a leer el Libro Azul.
Mañana será otro tanque.