Finalmente descubrí que el tipo había sido el responsable de que la destrucción de Tenochtitlán fuese inevitable. Fue su intervención para cambiar el futuro lo que lo convirtió en inevitable y sus sucesivas conversaciones astrales con Moctezuma lo iban arruinando todo en un afán de darle su sello personal.
El tal Florentino aseveraba que él había estado muchas veces con Moctezuma y que Tezozomoc le había regalado unas tierras rumbo a Chiluca, cerca de un bello arroyo en el que ya había empezado a asentarse muchos riojanos, cordobeses, puntanos y gran mayoría de porteños.
Por ejemplo, Florentino contaba que en una oportunidad le había explicado a Moctezuma que iba a llegar unos hombres barbados en unas canoas gigantes y que le iban a traer un nuevo dios. Y que como él venía del futuro les recomendó hacerse los desentendidos y decirle que ya no hacían sacrificios humanos, que ya no se culeaban entre ellos y que adoraban a un solo Dios que era nuestro señor y que ya sabían que esos matungos se llaman caballos y que si los lancean en el pecho se mueren.
-No jodas, Che!. -Dije yo sorprendido, habrás estado soñando. No podés en un viaje enseñarle todo esos al emplumado.
-Si. -Dice el gordo. -Yo hice varios viajes astrales, porque no quería que se destruyera Tenochtitlán, ni Pantitlán, ni Berrotarán, ni nada. Quería la historia perfecta, la paz de la laguna inundando toda América y la luz de un día que comienza a estallar bañando todo con su paz social y sodomita de la mano de Nezahualcoyotl con su barbita troskista.
Atilio Florentino Burmeister L’Amborghini, así se llamaba. Que siempre se supo superior a cualquier otra manifestación humana y que por eso es un incomprendido y por eso se vino a vivir a La Antigua, porque según sus cálculos en este exacto lugar los hechos volverán a repetirse y se abrirá un grieta en el tiempo y el tendrá la posibilidad de eliminar a Cortés y conservar Tenochtitlán.
Dialogo con Moctezuoma según Atilio F cuando se encontraron Cortés y el Emplumao. -¿Qué contás, Hernán? Que gusto verte, campeón. ¿Cómo van las cosas en La Española?
-Por el sagrado Manto!. -Dice Cortés espantado. -¿Qué es esa espantoza forma d’ havlar?
-Qué decís, che? -Replica Mocte. -No te calentés, sha sabemos que sos humano, por más que la barbita nos impresione un poco, vo só como nosotro, viste’. Sha lo sabemos.
-Habéis sido víctima del influjo de algún porteño advenedizo! – Dice Hernán desenvainando. Os conmino que dejéis ya mismo esa verba detestable y volváis a rendirme pleitesía!
-Pero no, cachito! -Dice Moctezuoma pasndo el brazo sobre los hombros de Hernán. -Shabé que sha no comemo carne humana, no comemo! Ahora somo todo cristiano, le vamo al Boca y somo peronista. Rara mezcla, pero así somo nosotro, nos lo esplicó un profeta rioplatense, nos dijo que somo del mismo palo, que los hermanos sean unidos esa es la ley primera.
A Cortés esto lo enfurece y obliga a Moctezuma a confesarle quién le enseñó a hablar así. Le quema los pies. Le molestaba más la tonada porteña insoportable en labios del Moctezuoma que el hecho de haber develado el misterio y alterado el destino.
Esa manera de decir –Qué ashés, Hernán? Que me contursi? Que beshos pingos que te trajistes!. A Cortés lo enfurece, tira el casco al suelo y empieza a saltarle encima, pero como era de esos medio chanfleado que usaban los conquistadores ene esa época, se le traba el pie y se caga de un golpe, eso le causa mucha gracias al pueblo mexica y Cortés manda a quemar todo y destruye Tenochtitlán.
Los mexica se encabronan y lo sacan carpiendo a pedradones por el terraplén a Tacuba.
Esa fue la historia que me contó el Gordo esa noche. De regreso de su viaje astral encontró que nada había cambiado y que no se puede cambiar la historia y que Tenochtitlán está tan destruída como su matrimonio. Decide separarse de su mujer y venir a México a instalarse en el exacto lugar en el que desembarcó Cortés y aprovechando que una fisura del tiempo le permita encontrarse con él y explicarle los detalles de su conquista e impedir que destruya Tenochtitlán.
Si el tío se pone muy en necio patotero, matarlo directamente con una Ballester Molina 45 que no sufre con los cambios temporales. Allí está el gordo esperando y mirando las estrellas noche a noche.
Ya amanecía cuando salí del “Mar de Plata” para buscar algún lugar para dormir un rato y tomar un café antes de seguir viaje.