El Proto y su máquina de mirar chilangos

noviembre 3, 2007

VI-Mi Noche Triste

Archivado en: Fisuras temporales — Protochilango @ 12:45 am

Finalmente descubrí que el tipo había sido el responsable de que la destrucción de Tenochtitlán fuese inevitable. Fue su intervención para cambiar el futuro lo que lo convirtió en inevitable y sus sucesivas conversaciones astrales con Moctezuma lo iban arruinando todo en un afán de darle su sello personal.

El tal Florentino aseveraba que él había estado muchas veces con Moctezuma y que Tezozomoc le había regalado unas tierras rumbo a Chiluca, cerca de un bello arroyo en el que ya había empezado a asentarse muchos riojanos, cordobeses, puntanos y gran mayoría de porteños.

Por ejemplo, Florentino contaba que en una oportunidad le había explicado a Moctezuma que iba a llegar unos hombres barbados en unas canoas gigantes y que le iban a traer un nuevo dios. Y que como él venía del futuro les recomendó hacerse los desentendidos y decirle que ya no hacían sacrificios humanos, que ya no se culeaban entre ellos y que adoraban a un solo Dios que era nuestro señor y que ya sabían que esos matungos se llaman caballos y que si los lancean en el pecho se mueren.

-No jodas, Che!. -Dije yo sorprendido, habrás estado soñando. No podés en un viaje enseñarle todo esos al emplumado.

-Si. -Dice el gordo. -Yo hice varios viajes astrales, porque no quería que se destruyera Tenochtitlán, ni Pantitlán, ni Berrotarán, ni nada. Quería la historia perfecta, la paz de la laguna inundando toda América y la luz de un día que comienza a estallar bañando todo con su paz social y sodomita de la mano de Nezahualcoyotl con su barbita troskista.

Atilio Florentino Burmeister L’Amborghini, así se llamaba. Que siempre se supo superior a cualquier otra manifestación humana y que por eso es un incomprendido y por eso se vino a vivir a La Antigua, porque según sus cálculos en este exacto lugar los hechos volverán a repetirse y se abrirá un grieta en el tiempo y el tendrá la posibilidad de eliminar a Cortés y conservar Tenochtitlán.

Dialogo con Moctezuoma según Atilio F cuando se encontraron Cortés y el Emplumao. -¿Qué contás, Hernán? Que gusto verte, campeón. ¿Cómo van las cosas en La Española?

-Por el sagrado Manto!. -Dice Cortés espantado. -¿Qué es esa espantoza forma d’ havlar?

-Qué decís, che? -Replica Mocte. -No te calentés, sha sabemos que sos humano, por más que la barbita nos impresione un poco, vo só como nosotro, viste’. Sha lo sabemos.

-Habéis sido víctima del influjo de algún porteño advenedizo! – Dice Hernán desenvainando. Os conmino que dejéis ya mismo esa verba detestable y volváis a rendirme pleitesía!

-Pero no, cachito! -Dice Moctezuoma pasndo el brazo sobre los hombros de Hernán. -Shabé que sha no comemo carne humana, no comemo! Ahora somo todo cristiano, le vamo al Boca y somo peronista. Rara mezcla, pero así somo nosotro, nos lo esplicó un profeta rioplatense, nos dijo que somo del mismo palo, que los hermanos sean unidos esa es la ley primera.

A Cortés esto lo enfurece y obliga a Moctezuma a confesarle quién le enseñó a hablar así. Le quema los pies. Le molestaba más la tonada porteña insoportable en labios del Moctezuoma que el hecho de haber develado el misterio y alterado el destino.

Esa manera de decir –Qué ashés, Hernán? Que me contursi? Que beshos pingos que te trajistes!. A Cortés lo enfurece, tira el casco al suelo y empieza a saltarle encima, pero como era de esos medio chanfleado que usaban los conquistadores ene esa época, se le traba el pie y se caga de un golpe, eso le causa mucha gracias al pueblo mexica y Cortés manda a quemar todo y destruye Tenochtitlán.

Los mexica se encabronan y lo sacan carpiendo a pedradones por el terraplén a Tacuba.

Esa fue la historia que me contó el Gordo esa noche. De regreso de su viaje astral encontró que nada había cambiado y que no se puede cambiar la historia y que Tenochtitlán está tan destruída como su matrimonio. Decide separarse de su mujer y venir a México a instalarse en el exacto lugar en el que desembarcó Cortés y aprovechando que una fisura del tiempo le permita encontrarse con él y explicarle los detalles de su conquista e impedir que destruya Tenochtitlán.

Si el tío se pone muy en necio patotero, matarlo directamente con una Ballester Molina 45 que no sufre con los cambios temporales. Allí está el gordo esperando y mirando las estrellas noche a noche.

Ya amanecía cuando salí del “Mar de Plata” para buscar algún lugar para dormir un rato y tomar un café antes de seguir viaje.

 

V-Primero Dios Volveré

Archivado en: Fisuras temporales — Protochilango @ 12:43 am

 

El Gordo Florentino empezó a adormecerme con su murmullo acerca de las formaciones de San Lorenzo desde 1969 al 2003, cuando de pronto se acordó de algo que le iluminó lo ojos.

-Me acordé porqué me vine a México!

-Qué?. Le pregunté yo creyendo que había escuchado mal.

-Si, me acordé que yo vine a México para impedir la destrucción de Tenochtitlán y evitar que el día de hoy el valle sagrado de los dioses se vea convertido en un caos indescifrable de mentiras engañadas, de sangre goteando de los templos hasta nuestros días, de ese mudo dolor del creciente desamparo que se aloja en las grandes ciudades.

-Pero, Gordo! Si vos nunca fuiste al DF, que decís de la soledad acongojada y la sangre coagulada. No sabés que cosas lindas hay en el DF. DFiesta, DFarra. DFiendete. Mirá, te compro que las grandes ciudades generan ejemplares adaptados a un entorno urbano que le desdibuja lo que puede tener de humano. El ejemplo típico son los chicos porteños que se crían en departamentos y en su vida vieron una vaca o un pescado fuera de la heladera. Y no me digás que no, porque vos sos un ejemplo bastante típico del gordito porteño.

-No, pará que sho soy de provincia. -Me aclaró el Gordo como si eso lo redimiera de su larga estancia en un patio de baldosas de 3 por 3 en un depa interior.

-Sí, ya sé que vos sos un caso atípico en las demografías continentales, en La Capital sos provinciano y en el interior sos el porteño; y en México sos el ché y en Argentina el cuate y en tu casa el cornudo. -Dije yo para atemperar la nostalgia. -Ché, cambiá la cara… fue un chiste

-No, en serio. Es que me acordé que yo me vine a México después de un viaje astral que tuve.

-Lo qué, Gordo. Se te voló una chapa, que pasó?

-Te voy a contar la historia completa, si no, no vas a entender nada.

-Dale, ya que insistís. Pero abrite otro Fetuccino Mosca, del malbecito y traete yelos y pan.

Mientras el Gordo se iba para la bodega, aproveche para pensar que mierda hacía allí y que puta hora sería porque afuera se veía de noche y hacía rato que se habían ido los del Semi-remolque. Empecé a preocuparme, ya a esta hora no llegaría ni a Veracruz, ni a Jalapa y además esperaba que al Gordo no se le ocurriera hacer la cuenta de todo lo de la noche porque además de que habían pasado varios parroquianos y algunos desconocidos por la mesa en la que estaba yo, nunca supe si todos pagaron o si las que descorchaba el Gordo iban por su cuenta.

-No pensarás que te voy a cobrar lo de la noche, no viejo!. -Me dice el Gordo cuando vuelve cargado de unos salamines, pan, queso y vino

-Cómo sabés? -Le pregunté aliviado porque confirmaba que el Gordo tenía algún conecte con lo desconocido.

-Que se yo. Yo percibo cosas. Por eso quiero contarte toda la historia de mi venida a México.

-Veniste a México, gordito por un viaje astral?. -Dije yo haciendome el chilango.

-Sí, viste que dicen “veniste” en vez de viniste, “soldo” en vez de sueldo. Yo tengo anotadas así como unas cien frases y giros mechingados como esos.

Y esa madrugada me contó toda la historia de cómo dejó todo y se vino aquí.

 

IV-Tropicales los Yelitos

Archivado en: Fisuras temporales — Protochilango @ 12:38 am

Al raato, cayó la princesa a decir que ya no había cerveza, que quedaba vino, matambre arrollado, queso, aceitunas y pan.

El Gordo dijo que traiga lo que sea pero ya! Seguimos hablando del Imperio Azteca y la destrucción de Tenochtitlán. El Gordo me decía que él se sentía culpable tanta destrucción. Llegó la princesindia con la bandejita de los fiambres y un Padre Kino . El Gordo se puso azul del disgusto y le ladró un par de órdenes en nahuatl y mágicamente la china desapareció y reapareció con un par de botellas aceptables.

Le pregunté porque se sentía responsable de tamaño desastre y que además el no había nacido.

Así fue como empecé a conocer lo que realmente pasó. El gordo de chico se había interesado por los Aztecas, esas cosas en un pueblo chico como Las Mercedes suenan exóticas. Los sacrificios humanos le fascinaron y de gordito practicaba con gallinas, perritos, los ataba sobre un tronco y los destripaba ceremonialmente. Hubo algunas dramatizaciones de parte de las madres de algunos participantes del jueguito del templo mayor, por lo que su sumo sacerdote continuó sus prácticas en privado.

-La culpa de la destrucción del Templo Mayor es mía por haber traído tantos argentos. Somos una raza insidiosa. -Siguió diciendo Florentino. El tipo se sabía nombres y fechas de los sucesos de la conquista en años gregorianos y en años solares de fuego nuevo o algo así.

Al principio creí que estaba pirado, ido, chiflado y completamente pacheco y encima con ese agrande típico de porteño, que de por sí es desagradable se le agregaba esos afanes de erudición, típico del pibe de clase media que no puede igualar los lujos de las clases dominantes y que el atributo de clase que tiene más accesible es el acceso a la educación. Si bien alguno iban al Liceo, al Monserrat, Champagnat o a las uropas, todavía, la cosa estaba bastante pareja entre la educación pública y privada cuando nosotros fuimos a la escuela.

-Porque aunque vos no lo creas en una época en mi país, o sea en el nuestro, en LA ARGENTINA DE NUESTROS VIEJOS. Me decía el gordo con su discurso peronista y abundante en claves para que te quede claro que somos del mismo palo.

-En esa época, todo el mundo tenía acceso a la Universidad, y no sólo que desde el cole ya tenías más posibilidades, porque los colegios del ESTADO era buenos y tenías acceso a ellos, además como no había Universidades Privadas, Privatizadas, en vías de.., Patito o Piratas, Golondrinas. Porque cubrías tu requerimiento calórico y proteico y además la carne y la leche de allá, son únicas y en todas las esquinas tenías canchas de fulbo, basket o directamente baldíos como para que te despacharas a gusto, hasta al golf se llegó a jugar en el Alberdi, un barrio obrero por excelencia, también de putas, pero eso fue después, en esa época las putas atendían de este lado del canal.

Pero los políticos confunden el progreso con la tolerancia cero y no es así, no es así. Servite un poco más, con confianza. Me dijo señalando el Rutini Boscca Malbeck, bastante neoyorkino para esas humedades, pero como no había más que eso, corregimos el tinto poniendo unos cuantos hielos en el pingüino y de ahí nos servíamos, heladito, transpirando las alitas del pingüino con su piquito así, como balconcito.

III-Profesión: Gastroantropólogo Crónico

Archivado en: Fisuras temporales — Protochilango @ 12:34 am

Al rato salió un tipo gordo con guayabera amarilla y con un marcado acento rioplatense, me saludó diciendo. -Disculpala, es que la chica no habla mucho el cristiano, vistes. -Extendiendo su mano, me dice. -Florentino Lamborghini, shoy el dueño del local. Bah, uno sha no es dueño de nada, pero acá atiendo sho. Sentate donde quieras. Te ofrezco algo de tomar?. -Si. -dije yo. -Una cerveza. -Sos argentino?. -Me preguntó. -Dije que sí, que cordobés y se sentó en mi mesa. -Esto hay que celebrarlo. Y dió un grito llamado a la muchacha.

-Dejáme que te esplique el menú, dejáme. Le dije que sí, sin saber en que me estaba metiendo.

Abrió un cuaderno Gloria y me mostró. Su carta era pretenciosa y solemne. Quería reproducir las historia de México en un menú de tres tiempos y como él no era de aquí, no le sabía bien a la historia más reciente, no?

De lo que sabía del Imperio Azteca, mis respetos. De Huitzilopotchtli al Coloso de Santa Úrsula se lo sabía todo. Nunca escuché a nadie decir tanto sobre un mismo tema.

En sus buenos tiempos a los meseros los hacía atender vestidos de revolucionarios, así con los bigotazos y pistolas, pero los platos se llamaban de manera caprichosa: Sopa de la Noche Triste, Delicias Zapotecas con Adelitas de Piloncillo.

Al menú mextizo la complicó más para simbolizar la ceremonia y el proceder elíptico de los mexicanos y le puso una serie de condiciones rituales a cada plato, si pedías Tamales en hoja de palma tenías que tomar atole de amaranto o licor de ajenjo, no te servía otra cosa. La Barbacoa con Bailey’s no sabía tan mal, y como la copa era generosa, se llenó de teporochos; en la que sí la regó fue cuando servía las carnitas con licuado de mamey-cilantro-lima en leche agria y abundante sal. Decía que esa era la comida original de las ceremonias Huicholes y más de una vez la misma receta cambiaba por falta de algún ingrediente, la temperatura ambiente y el humor de la cocinera.

Uno de los platos más exóticos era el tejón ahumado, los que lo probaron dicen que sabía horrible y daba un poco de asco, porque lo ponía en la mesa con pelo y todo. El bicho cerrado y cosido con la panza llena de nueces, frutas, tasajo, mole, hongos blancos, amarillos, azules y rojizos que se colectan en épocas de lluvias, el cazahuate que se cultiva durante el año, todo ese relleno sazonado con chiles serranos o manzanos.

Tenía otros platos que eran como una especie de Shushi pero de insectos: gusanos, hormigas, jumiles, mariposas, cuetlas, moscas y chapulines. A veces se le daba por ir por las mesas explicando el menú y sus simbolismos. No tanto la comida como sus explicaciones le dieron fama al Mar de Plata. La mayorìa de las veces no se entendía nada. Además ya lo habían cachado en varias inconsistencias temporales para explicar algunas combinaciones gastronómicas. Habían empezado a burlarse a sus espaldas. Cuando él se dio cuenta se sintió traicionado por esta raza de incultos.

En una noche triste de desvelo y nostalgia desarmó todo, quemó y tiró bastantes cosas, dio y regaló mugres varias de todas las regiones de México y Guatemala, no sé si habrán sido originales, pero las que quedaban se veían bastante bien si las examinabas por separado. El conjunto era más bien desconcertante por querer expresar algo y en realidad no poder decir nada.

En eso llegó la princesita silenciosa como un ave y Florentino le dijo en un nahuatl medio aporteñado que vaya trayendo cerveza, limón, sal, salame de la colonia y pan de horno.

Parecía que la cosa iba para largo. 

II-Un Tajín en la Ceiba

Archivado en: Fisuras temporales — Protochilango @ 12:32 am

Iba a entrar más bien a ver la pinta, si estaba fresco y tranquilo me quedaba. Tenía estacionamiento, sombra para el auto y prometía baños limpios. Metí el Tsurubí bajo un Pirul o Aguaribay o Árbol de cola o Schinus areira o Molle y me di cuenta que estaba cerquita de donde desembarcó el Hernán. Ahí nomás ví un cartel, LA CEIBA 8 minutos. Con esa métrica elástica y multidimensional que tienen para decir cuanto falta para llegar, el camino estaba bien mantenido, era otra buena señal para parar allí. Si no me gustaba pedía una chela, pitaba un chala y seguía.

Me metía por los pueblitos y ahí nos vemos.

Me suelto la rienda y salgo a turistear hasta que se acabe la fuerza de mi mano izquierda y ya no soporte la indolencia indígena, ni la ambigüedad mechica. Mechica y su madre la mechicana, es decir teñida, así con mechitas canas.

Entré, me senté y me gustó. Me costó un poco encontrarle la onda porque estaban bastante mezclados los estilos Cantina de la Boca, Comida Corrida y Me Vale el Feng Shui. Más un toque de Pásele que si hay.

Pero entremezclando los estilos se fueron haciendo naturales. Algunos detalles dejaban ver algunos esfuerzos fallidos por adecentar el local siguiendo parámetros caprichosos, como recrear el adoratorio de la Pirámide de Jade con una cúpula corrediza de manera que todo el año la luz que entre por el techo forme una red de reflejos que ilumine el espejo del bar y le dé luz al mostrador en las tardes.

Abajo del Templo tenía una plaquita que explicaba todo esto y también un cartelito escrito a mano que aclaraba que nunca funcionó con la luz solar pero por quince pesos enchufaban un reflector y te oscurecían la sala.

También se notaba que el artilugio había dejado algunas goteras y cables parchados. Otro atrevimiento decorativo evidente eran los restos de ambientes estilo Santa Fé con tarahumara, Huichol con Tex-Mex, irreconocibles pubs irlandeses y varios más. No faltaba el Mapache embalsamado junto a las placas de Texas y los recortes de diario con hazañas locales y algunas personales. Después te cuento las hazañas de Gordo Florentino porque estamos con lo de la decoración del local.

Si hubieran dejado ahí su ímpetu tal vez hasta quedaba bien, pero se le fue la mano. La carta estaba hecha en cuadernos Glorias con recortes derevistas de cocina y pedazos manuscritos. Combinaba de manera sorprendente cosas de la conquista con la guerra de los Cristeros entre caldos y braggettes. Sus Moles y pellas con fragmentos del discuros del Lázaro Cárdenas con lo del petróleo con oraciones a San Lázaro y el caos vehícular. Asados de tira y Lazarillo de Tormes con Antonio Tormo y entrecôt.

Me levanté para ir hacia la barra. En eso salió una jovencita con marcados rasgos cempoaltecas con vestigios de predicadores europeos. Mextiza. Algunos les dicen totonacas, pero no me gusta decirles así. Son princesas desoladas a las que le han robado su esplendor. Revitaliza su figura el paso de misioneros alemanes que trajeron su dura palabra para marcar un blanco camino hacia el paraíso. La ventaja es clara, ser blanco es la ventaja. Nos ven y se turban, más nos ven, más se turban. Dificil es penetrar en su interior. Despertar su curiosidad es juego de niños. Al alcance de la mano se enciende. Su sangre es más ardiente que la nuestra.

Al verme mirarla así ella se enrojeció aún más que yo y se metió para adentro.

I-Perdidos en La Ceiba

Archivado en: Fisuras temporales — Protochilango @ 12:31 am

Bajando de Xalapa a la altura de La Antigua hay un comedor de paredes celestes y blancas que se llama “El Mar de Plata”, así sin la ele.

Dizque sirven mariscos, pescados y algunos cortes a la parrilla.

Yo lo conocí cuando andaba haciendo un trabajito para el Cartel de los Salinos Pliegos.

Volvía ya para encarar el Paso de Maltrata y hacer noche en Córdoba. Pero paré para comprar unos cacharros coloridos que me habían encargado y también para parar nomás.

La verdad es que de fuera el lugar estaba bastante bien, me llamó la atención ni bien lo vi. Lo primero que detecté fue el nombre y después que decía parrilla y al final los colores celeste y blanco. Que si te fijás es una combinación que abunda en estas latitudes.

El negocio no tenía mucha pinta gaucha que digamos, con sus avisos de Lulú. No tenía de pampero más que el nombre, pero también parecía de esos Am/Pm que están junto a las rutas, tipo comedor de camioneros, paradores de viajantes. Entre rural y pueblerino, que vos los vés y sabés que se come bien.

Acá hasta eso era incierto, podía ser la costa bonaerense si lo veías hacia el Golfo o hasta podía ser como Tucumán si lo mirabas para el lado de Xalapa.

Acá nunca se sabe si estás ahí o no. Con decirte que en toda la república hay doscientos setenta y tres pueblos llamados Monterrey sin contar el verdadero Monterrey capital de Nuevo León donde viven los neoleneses o pinches regiomontanos y así con los de nombres de santos, de Juárez y tantos otros. En este país te perdés muy fácil. Ya ves que a todo le buscan la vuelta para hacerlo complicado.

A veces, me bajaba del auto y me preguntaba dónde estaba, lo que es más loco, qué estaba haciendo allí? Adónde tengo que ir? Qué hora es?.

Las rutas se parecen mucho y en cuanto te distraés un poco, la ruta te hipnotiza. Ni te digo si vas por el desierto o por la montaña a la noche, en la selva con lluvia. La ruta te sorbe el coco y América se vuelve fluida, se comunica y se conecta, se panamericaniza y aunque no soñés con el Che Guevara, te da como una impresión de América en la piel, como un grito inescuchable.

Me emocionó encontrarme allí con un retazo de mi historia. Una conexión con el sentido de una larga jornada de viaje.

Ahí estaba yo parado frente al “Mar de Plata”, pensando que película me haría esta vez.

Así fue como lo conocí al Gordo Florentino.

 

Tema Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.