El Proto y su máquina de mirar chilangos

agosto 22, 2010

Un sueño nada más

Archivado en: Uncategorized — Protochilango @ 8:03 pm

Los golpes desaforados del Rusito se fundieron con los últimos retazos del sueño sacando al Proto de su pesadilla culpógena. Había estado toda la noche soñando voces. Un diálogo sordo de su voz con él mismo, voces que iban y venían, intervenían y terciaban categóricas.

El soñador era un foco incandescente que miraba las sombras del aliento parlante.  De a ratos conseguía dormir, de a ratos se despertaba sobresaltado por gritos y discusiones dentro de la pieza, se despertaba dentro de un sueño en que se despertaba dentro de su pieza. Se veía dormido, todo en silencio y de pronto. Tom Pom Plom. Proto culoroto.

Las voces se iban a apagando en un susurro de cuchicheos acerca de lo malvado que es el Proto, lo raro que es el Proto, mirá que pegarle un tiro… lo malo de todo esto son las enfermedades del pulmón, viste? Por el plomo. Mirá que chico malo, tirarle al loro, vos sos no sos, dejálo que se duerma, vos sos un no sos, que se haga el dormido. El plomo se pasa a la sangre. No sos nosos. Fue en la garganta, a tu propio primo. Nos Stomp. Le quedó atravesado el Plom! Vos le tiraste a loro. Pom!Pom! ya le estiraste al toro. Pom pam prom!, Proto!

Eran las diez de la mañana. Los golpes  se convirtieron en un fluido verbal que fue tornándose conciencia de la realidad de su existencia chilanga..

Se levantó, estaba un poco mareado, confundido. Una mezcla de calma y excitación lo había invadido. El cuadro iba tomando forma. Sabía que estaba loco pero solo  había sido un sueño. Esta era la realidad. Sentía una extraña vibración en toda la habitación. Se envolvió con una frazada y fue a abrir la puerta pensando en que haría el Ruso a esta hora de la mañana.

Abrió la puerta, el sol azteca entró inclemente  dejando entrar a un rusito exaltado que irrumpió en la austera pero desordenada habitación que el Proto ocupaba en la azotea del hotelito de cubanos.

-Bajá Proto. Que te tengo una sorpresa, recién traída de las sierras, ta’ fresquita como una lechuga.

El Proto sólo atinó a derrumbarse sobre su cama revuelta y taparse, envolverese como en un capullo para evitar la luz que el ruso arrojó certeramente sobre él al descolgar la toalla que oficiaba de cortina.

-Dejáme dormir! No pegué un ojo en toda la noche, Ruso. Además ya no fumo de la verde.

-Ya macho, levantáte. No se trata de mota. Tengo a  tu jermu, allá abajo. Llegó esta mañana, trajo criollitos, peperina. Todo fresquito.

-Dejame dormir, rusito… Dijo el Proto somnoliento, hasta que dio un respingo como tocado por una descarga de mil abejas. -Que a quién tenés abajo? Dijo saltando de la cama, intentando decidir si estaba más ofuscado por haber tardado tanto en descifrar el giro lunfardo del vesre del rusito canyengue o por que su mujer está abajo y él ni sabía que venía. Al no saber que contestarse siguió preguntando. -A quién tenés abajo?

-A tu mujer, tenés que bajar. Es la única que te puede entender, Proto. Esto ni te lo soñabas. Siguió intentando que el Proto se levante, esta vez arrancando las cobijas con las que el Proto se envolvía la cabeza. -Tenemos un plan para vos, ya estuve viendo los detalles, los pasajes y la clase que tienen que tomar, todo … Dale Loco levantate!.

Como siempre en su vida, el Proto terminó cediendo.

Se levantó como un autómata. Buscó su ropa, pensando que se tendría que bañar, que afeitar, queriendo volver a dormirse. Pensando que si no es sueño acaso toda la vida. Como hacer para dormir despierto, para soñar lúcido. Porque vino su mujer? Deambulaba murmurando por toda la habitación.

Cada tanto insultaba al Rusito por no haberle dicho, por ser mal amigo, por pensar que no iba a entender, que se iba a escapar de vuelta. Luego se tranquilizaba y con la cobija colgando revolvía el canasto de ropa que era su closet.

-Dale Loco! Que no tenemos todo el día, esto es un blog, no la Biblia. Dijo su amigo sacándolo del ensueño que lo envolvía y recordándole que tenía una sorpresa para él, además de la visita conyugal, que esto si le iba a enderezar el chasis, que con su mujer habían planeado todo sigilosamente.

Para que se vista más rápido el rusito le alcanzó lo que encontró sobre una silla desbordada de ropa, una camisa hawaiana, una camiseta musculosa, un pantalón militar azul oscuro y unas zapatillas de tenis  blancas como la nieve. El Proto completó su indumentaria con colgantes de promesas, un rosario y un atrapasueños.

-Mejor dejamos esto para la noche. Dijo el rusito retirándole el artilugio sioux al que el Proto le atribuía poderes hipnotígenos y oniroprotectores.

Bajaron.

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