La vida en el hotelito de cubanos fue un tiempo de tomarle el pulso a México, de caminatas por el centro histórico, esquivando bicitaxis que estafanpor encima de la tarifa oficial para mantener un aire pintoresco a los ojos del turista, de ver a las hordas de cartoneros, home-less y chicos de la calle que surgen desde la cloacas de una ciudad en movimiento que expulsa pulsa gime late traga y se abre como postales de las casonas del centro histórico que se han convertido en bolsones donde dejarsacarentrar las mercancías. Un sístole diástole en la noche y el día del primer cuadro último reducto de una ciudad que se hunde en lo más alto del valle del sol y la luna.
Proto sorbía su idea de la ciudad de los palacios en una galería de columnas plagadas de negocios fulgurantes de oro de dudosa pureza. Colgantes de la Santa Muerte, replicas del la piedra del sol, colgantes con forma de hoja de marihuana en platinos y esmeraldas, calaveras de oro blanco con perlas negras y signos de dólar con brillantes diamantes. Obnubilado por el brillo de una imagen de la Virgen en tamaño místico, el Proto es presa de una súbita iluminación. México se debate entre un culto a sus ancestros y el modo yanqui de ver la vida. Un rechazo admiración a todo lo que es quiere ser. Esa tensión lo paraliza, desgarra el ser mexicano en una serie de sufrimientos y autocompasiones. México es la poesía de la imposibilidad.
Repitiendo esta letanía, lo busca al rusito que estaba conversando con un poli acerca de que tantito son seis gramos.
- Ruso! Todo se me hizo claro, por fin entiendo lo de las cuatro casas y el carácter mexicano. Todo está acá. Dice el Proto señalando el centro histórico, la Catedral, los murales de Rivera, las viejas que salen de la Bristol, los que paran en la Española acomprar su merenguito, los que buscan El Nivel, los que pasean la mirada buscando clientes, los que hurgan en los tachos de basura buscando latas, vidrio, un trago, algo que no hayan comido.
-Al final todo se vuelve una cáscara vacía en donde se esconde la burla del ser mexicano. O el ser chilango, ser de cualquier ciudad, ser porteño si me apuras, o paulista.
El rusito escuchaba atentamente, tratando de relacionar el súbito arrebato de su amigo con el efecto de alguna droga conocida. Pero los collares de promesas seguían en su cuello, sus ojos límpidos no hacían sospechar ningún consumo. El rusito concluyó que su amigo estaba loco de verdad.
-Hacerse uno con la ciudad es aceptar nuestro lado oscuro, Rusito, junto a nuestra santida, la mierda y el oro todos en el mismo lodo. No queda ningún secreto. Sentirse de una ciudad es agotarle el misterio. Me voy a la mierda. Me vuelvo a las sierras, loco. Un ranchito en Traslasierra, me voy de baqueano a la pampa, o al Tigre me voy para allá, vivo del río y la cestería.
-No quiero más esto. No quiero más ciudad para mis pobres huesos. Quiero sentir la naturaleza, comer mis tomates, tener la lechuga, unos pollos. Basta de ser un dependiente. Sé que te sueno idealista, pero hay muchos como yo y espero que un día te nos unas. Rusito, hay que salir de esta ratonera.
El rusito, decidió seguirle la corriente, acostumbrado a los cambios de humor del Proto, esas inversiones polares de sus impulsos inmediatos que desconcertaban al más equilibrado de los monjes tibetanos. -Y porque no te ponés un bar en San Marcos Sierra? O te vas un monte en Santiago a criar caballos, te ponés un coto de caza, algo de eco-turismo, llevás a los gringos a ver a los Matacos y les explicás de la Pachamama.
Cruzaron Madero corriendo entre los taxiscoches yel turibus que se abalanza centelleando de turistas fotorreicos, flashinantes. Alcanzaron la banqueta y recuperando el aliento el rusito siguió trazando sus delirantes salidas laborales para el Proto.
-Queseyó, en una de esas terminás siendo el chamán de la cuenca del Cochancharava. Quién te dice. Mirá los brujos estos. Dijo el rusito señalando a los que hacen limpias a la orilla de la catedral. -Miralos como rebozan prosperidad, no? Son poderosos brujos, capaces de sacarte las maldiciones, enfermedades, darte riqueza y mujeres y poder. Y acá están, al lado de la santa iglesia y los chilangos pasan por uno y por otro por si las moscas. Se sahuman y se persignan. Donde vas a ver esto, en tu isla del Tigre?. Proto, despertá.
El Proto seguía con su letanía, inmune a los embates de sentido común del rusito. -La ciudad no tiene ya misterios, se ha expuesto, se ha burlado tanto de si misma que se ha vuelto una parodia de lo que pudo ser, tanto oro en sus vidrieras es como una eventración de su carácter recóndito, expone brutalmente ese vacío del alma chilanga, de los adoradores del oro, de la exhibición de las riquezas que envidiamos. El intento de olvidar la podredumbre sobre la que estamos parados.
Volvieron al hotelito, el Proto decidido a hacer su plan para el regreso, el rusito a ver cuanto le duraba la idea, sospechando al mismo tiempo que todo esto fuera otro de los trucos del Proto para prolongar la estadía a costa de la casa. Luego de ducharse se instalaron en la terracita del hotel cubano que daba a Tacuba y La Palma.
Como si hubiera adivinado los pensamientos del rusito, el Proto, de pronto dijo.
-Antes había que tener dinero para vivir en la ciudad y no estar en el campo rompiéndose el lomo para sacar el frijol, el maíz, la papa. Ahora hay que tener dinero para dejar la ciudad y no estar saltando de un metro al taxi y a correr en la ruedita unas diez doce horas, o estar en el puesto a las cuatro de la mañana hasta que se acabe, la verdura fresquecita, el taco humeante. Aturdirse dia y noche en el taxi intoxicado de FM Amor y la densa niebla de alquitranes azufrados que despiden los camiones.
-No es consuelo conocer las miserias de los otros, nadie puede contar los talentos de otro y si ellos se rindieron por contar con pocas fichas, yo no. Yo tengo que contar estas cosas, pero me estoy olvidando como se dicen en argentino, entendés, tengo que volver a darme un baño de argentinidad, de cordobés básico, cuantos años hace que estoy acá? Sabés lo que pensé el otro día, sabés ruso?. Dijo el Proto con un temblor de angustia en su voz. -Iba en el metro entre Cuitlahuac y Chabacano, y me digo para mi mismo, así como si fuera mi voz más intima, que padre vivir una vida a toda madre, te das cuenta? así bamboleandome en el metro con ese sopor que te agarra bajo tierra, me surgió la frase como una burbuja en el fango de la inconciencia. Vivir a toda madre una vida padre, una vida madre una vida padre, mi padre y mi madre en la misma frase, una vida, soy yo ruso. Soy yo que me estoy perdientdo la vida y me pierdo en la manera de decirme las cosas. De decirlas. Voy a terminar siendo un pelotudo bamboleandose en el metro balbuceando cosas que nadie me entiende ni madre ni padre. que padre no? ni madres. Un Protito, un Protosenecturbano.
-Me estoy volviendo viejo, en esta ciudad donde nadie conoce a nadie. Una isla de anonimato, es lindo por un tiempo, pero cuando los años te empiezan a pesar querés tener los paisajes de tu infancia en la mirada. Los argentinos tenemos que saber que tenemo’ el mejor país del mundo. Y Sergio Maravilla Martínez es campeón del mundo, de los pesados, como Bonavena, como Galindez, te das cuenta? son señales del resurgimiento de una nueva Argentina, más luchadora, más divertida.
-Proto, dejame decirte un par de cosas, primero vos naciste en Barrio Guemes, para empezar, no? y de grande te fuiste a la Villa. Así que no me vengas con lo de los paisajes de la infancia y además Sergio Martínez es súper welter, vive en España desde el 2002, era campeón argentino de los welter y cuando ganó por puntos, escucha esto… cuando ganó por puntos contra Álvaro Moreno Gamboa en España, primera defensa en el exilio, escucha bien.. la federación argentina le quitó el título. Vuelve cada tanto a visitar a ..
-Porque le quitaron el título? Si ganó por puntos.
Dijo el Proto, que ingoraba que en el boxeo pudiera haber reglas más allá de pegarle al otro todo lo que se pueda.
-Por eso boludo. Dijo el ruso exhibiendo sus conocimientos pugilísticos. -Porque no fue nocaut, los argentinos somos exitistas, si no ganás por nocaut no sos campeón.
-Pero eso es en todas las federaciones? O es en la argentina, nomás?
El ruso se sirvió un poco más de ron, parsimoniosamente armó un cigarro de caca de mono con virginia para que no impregne tanto el ambiente y evaluó si preparaba café o no. Ilustrar al Proto en las complejidades de las libras y la unificación de los títulos prometía una travesía por la historia del deporte del los puños. La noche podía ser larga.