El Proto reapareció en la vida del Rusito como lo hacía siempre. Pobre, destrozado, azotado por vendavales cerebreconoemocionalcolicos. El Rusito siempre le hacía lo mismo al Proto. Se mudaba dejando unas crípticas indicaciones por si el Proto venía a buscarlo, incomprensibles para cualquier especie de cobrador insistente, cliente insatisfecho o marido enterado.
Las mudanzas del Rusito eran unos criptogramas del estilo… “Donde Cuauhtemoc perdió el poncho y Fidel creció en Tacuba. Pedro Bondi II” El Proto siempre se la ingeniaba para deducir que estaba en el hotelito de cubanos del centro histórico por la ruta dos, donde se alojaba sabiamente en el cuarto de empleados con la mulatona que cuidaba el mostrador.
El Proto les agradeció a los del Gilipollos con las nuevas maneras de monje disfuncional que había adoptado después de su experiencia. Les agradeció que siempre le guardaban el mensajito del Ruso. Les agradeció que le convidaran unos rabos y pescuezos que los clientes no alcanzaban a comer, pero gracias, en estos meses había aprendido a alimentarse con el fruto de su humildad y estaba un tanto saturado de pollo.
Los Gilipollos le miraban sorprendidos, el Proto les agradeció que le permitieran agradecerles y se despidió haciendo reverencias. A los pocos pasos el Proto se volvió, les agradeció mudamente y les dejó unas bolsas del Palacio de Hierro sobre el grasiento mostrador de hojalata y se despidió nuevamente.
Se tomó el pesero de la Ruta 2 – To2 somos ruta 2 de unos cuatro pesos el viaje hasta la morada del ruso, pensaba en que le depararía la noche con la suerte que venía trayendo desde que aterrizó en tierras chilangas. Ya pensaba chilango, muchas veces se encontraba pensado en chale, conversaba de man’ta a man’to en los mercados, aparte del lenguaje y un par de indigestiones sus correrías chilangas no aportaban gran cosa a la humanidad.
Recordaba las veces que había subido a estos mismos peseros acompañado por un padrino, recitando bendiciones inverosímiles para que los pasajeros les compren algo, bolsas, broches, le acepten el papelito, buscando entre los rostros una señal que lo ayude a liberarse, pero la culpa, la culpa te carcome, cada uno es su propia prisión, todo hay que tomarlo como viene, pero a veces puro es demasiado fuerte.
Tenía que sacarse esas ideas. Ojala el Ruso esté. Tal vez pudiera dormir en el hotel, aunque es temporada alta, se vienen las fiestas, por algo me eligieron a mí, no será que el nombre tiene que ver con algo? Tendrán algo de comer en el hotel? Estará ahí realmente? El ruso es un hijo de puta, mirá que irse a lo de la cubana….
El Proto siempre divagaba cuando iba en pesero, parloteaba en su mente, pensaba varias cosas al mismo tiempo, trazaba castillos en el aire. Se iba por las ramas y se pasaba de las paradas, se olvidaba de hacia donde iba y se bajaba deambulando desorientado así era como le pasaban cosas insólitas en sus extravíos.
Pero esta vez le había venido la desgracia por ir caminando como croto por la vía, con su uniforme naranja de pepenador, pensando en lo culero que era el Gran Carnal, pateando piedritas, pensado que por más que el fuese nadie no había derecho en que lo tratara así, en eso iba pensando cuando se le arrimó una camioneta, sintió un tirón en la espalda y unas manos lo subieron.
Nunca supo porque lo eligieron a él. El pesero dobló por Bellas Artes. El Proto gritó bajan y paró en Donceles y Niño Perdido. Caminó hasta Tacuba y empezó a buscar el hotelito cubano.