El Proto y su máquina de mirar chilangos

noviembre 2, 2008

Gastromegalia deefequeña

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 10:46 pm

Los pocos valientes que habían acompañado al Proto y al Gran Carnal por las entrañas chilangas habían llegado al lugar del taponamiento final. Todas los arroyos fecales desembocaban en un colon gigantesco repleto de divertículos taponados de diversos personajes acaparadores. Nuestros valientes desatrancadores habían llegado chapoteando en el barro cloacal, abriéndose paso entre los diques de botellas pet rellenas de un líquido ambarino, fruto de hábito chilango de mear en envases plásticos y arrojarlos donde sea, pensando así que el problema desaparece. El Gran Carnal retomó su tono profesoral.

- Mira, bajo la tierra se esconde una gran amenaza. Te explico, restos de comida, materia fecal y animales muertos flotando sobre una marea de humores humanos van navegando en una lenta digestión hasta fundirse en una plasta oscura y condensada con un nivel de mierdosidad por metro cúbico como no se ha visto en otro lugar del planeta, es por eso que los acaparadores anidan aqui con tanta facilidad.

Explicaba Gran Carnal, haciendo un dibujito en las paredes húmedas y vivientes del sigmoideo chilango.

- Mira, te explico. La acumulación de materia orgánica y vapores sulfhídricos en las profundidades de esta tierra volcánica genera gases metanoicos capaces de hacer volar la ciudat con todo y chilangos, sobre todo si se combinan con una lluviecita y un poco de calor magmático. Es un fenómeno, mira, que en Europa y en casi todos los países del planeta no se presenta, porque acá, no sé porque, pero mira, te explico, hemos juntado los desagües cloacales con los pluviales cuando llueve se colapsa el tubo y así tendremos mil Iztapalapas rebalsando de aguas negras, cada que llueve. No es el momento de crear falsas divisiones entre las entrañas defequeñas y mucho menos pedorristas, que cada cual haga de su culo un pito, pero, mira no se puede cagar más alto que el culo y a cada cual su forma de limpiarse.

El Gran Carnal iba enumerando estadísticas acerca de metros cúbicos, succiones inversas, ratio de drenaje por colonia, hábitos fecales chilangos, relación de baños públicos por esfínteres circulantes. Se quejaba de que gran parte del presupuesto se le va en limpiar las cloacas de la ciudad, pagar por destapar las botellas, vaciar su contenido, aplastar la botella, tapar la botella, embolsar la botella, dejar fluir, desatrancar, laxar, lixiviar y aliviar los ríos de mierda que igual fluyen lentamente bajo esta ciudat, hasta ir secarse en los lagos de Texpopo, dejando un barro salitroso con aspecto de pastel reseco, que ni atrae el turismo, ni suma votos.

- A mí me gusta compartir mis visiones de una ciudat verdeciclica. Mira tengo un sueño que no me deja dormir. Te explico, algun día el lago de Texcaca y Xochimilco, se unirán al Texpopo y haremos un parque verde con ciclovías y andapistas, con baños orgánicos, cada familia tendrá sus esfínteres biosustentables.

Gran Carnal soñaba con un DF de lactobacilos armónicos, mientras la mierda seguía llegando.

Pero ahora, la realidad estaban atrapados en las profundidades de un mictlán gastrico y viviente, no encontraban salida, por un lado, el gran taponamiento acumulativo producido por unos pocos millonarios en un país de carecientes, por el otro el aluvión fecal que seguía produciendo el mundo chilango, amenazaba con ahogarlos, sólo una caverna de gases evitaba que perecieran en una avalancha de mierda. No era momento para ser optimistas ni andarse con estreñimientos.

Mira, la solución –siguió efusivo y epónimo el Gran Carnal- es sumergirnos en estas profundidades y sacar el tapón impuesto por los millonarios aliados con los gobernantes y ya que estamos el Carlos Ahumada de Ateliers para quedarse ellos con toda la mierda de este gran país. Te explico, debemos sacar el tapón y que la mierda fluya, que los PiPoPes y los criaderos de cerdos del golfo de la heroica Perote de la selva, se ocupen de transmutar la mierda en el oro que engrandecerá a México ante los ojos del mundo, por mi panza hablará el esfínter.

Terminó unámico el Gran Carnal enardecido, y se internó hacia la tripa de todas las batallas seguido por el pequeño grupo de fanáticos que chapoteaban infantilmente sobre un barro grumoso cobrando coraje para la inmersión final.

-Hay que dejar que la mierda fluya, decía el GC. Su mirada se volvía soñadora imaginado los slogans de campaña. Imaginando una ciudad Activia con Actis regularis perredismus.

–Mira, que fluya esta ciudat, es mi sueño, decía el Gran Carnal enardecido. El Proto estaba de acuerdo y dispuesto a colaborar, esta vez lucharía junto a los malos del lado de los buenos. Debían tener casa, escudo y canción, Proto mojó sus dedos en el barro y rapidamente pintó signos y marcas en el pecho y la cara de cada uno, dandole a cada uno un nombre de guerra, escogió de entre los barros restos de envases y trapos con los que armó un estandarte, los bautizó a todos como la orden de los Laxantes del fuego sigmoideo, improvisó un himno alusivo.

CORO

Somo’ lo’ negro’, lo’ negro’ sigmoideo’/vamo’ sin asco con pedo’ y con meo’/no no’ asustan ni las grande’ cagada’/a lo sorete’ lo’ sacamo’ a patada’. Somo’ lo’ negro’ lo’ negro’ pedorrista’/limpiamo’ cloaca, canale’ y letrina’/ya la’ narice’ la tenemo’ anestesiada/comemo’ hece’, no’ gusta la cagada.

Gran Carnal y su grupo de valientes se internaron en un lodo viscoso a cumplir con la labor humanitaria de vaciar el vientre chilango. El drenaje de las napas profundas estaba taponada por el Turco Fatah, el Gordo Cagueins, los Azcagadas, los Salibas Pedos, los Caca Sada, acumuladores oportunistas que habían impedido durante años la normal circulación del detritus del sistema, cobijados durante décadas bajo el manto del Revolucionario Intestinal, ahora proliferaban y se desarrollaban de una manera Pancreativa.

Nuestros valientes comenzaron a empujar, pero se resbalaban, los gordos y los millonarios se resistían, se pedorreaban, se retorcían como una bola de serpientes, un monstruo con milcabezaspiernasbrazosculospelosvergaspupos de gobernadores, ricachones, funcionarcorruptos, artistontecedores, periodistractores, familiares, proveedores y amigos del gran poder oscuro y visceral que carcome a este país.

Los carnales empujaban y pugnaban por el fluir y los millonarios se empecinaban en retener. Las fricciones se volvían peligrosas, el aire enrarecido, los vahos fétidos, las fuerzas vanas, el cansancio y el aire viciado los dejó exhaustos, echos mierda, deberían usar el ingenio.

Gran Carnal recordó haber leído en alguna parte, tal vez en un libro, la historia de un hombre que encerrado en el vientre de una ballena encendió fuego y logró salir cuando la ballena estornudó, o algo así. Sus aliados intentaron hacerle notar que no se encontraban precisamente dentro del vientre de una ballena. Pero Gran Carnal ya estaba sacando su encendedor Bic que por supuesto no falló y la explosión de los gases metanoicos acumulados durante siglos provocaron un sismo intestinal de 5.9 en la escala de Richter expulsando a los valientes sigmoideos junto a los millonarios en un mismo lodo todos revolcados que fueron a parar por las riberas del Amacuzac.

Un torrente excrementicio inundó los cauces, los puentes, las barrancas fluyendo hacia Puebla y el golfo, llevando en su interior los signos mutantes de una ciudat empachada.

El Proto y el Gran Carnal habían ido a parar por cerca del antiguo camino a Xingoltepec, los pocos automóviles que pasaban por allí se resistían a llevarlos por el aspecto waterclósico que presentaban, solo un tala-montes ilegal se dignó a pararse y los llevaba con la condición de que fueran colgados del parachoques de su camión, no fuera que se vayan a arruinar los troncos. Viajaron colgados, haciendo slalom por las laderas, felices y cantando la mierda se les fue secando y les caía como un fino polvo deshecho por el viento que dejaba atrás la pesadilla nocturna y fecal.

Llegaron a la Delegación de Zaragoza y allí los dejó el camión.

Gran Carnal se identificó con el poli de la entrada, el poli se cuadró y los hicieron pasar a bañarse, en minutos llegó un helicóptero con ropa limpia para el Gran Carnal. El Proto se vistió con un uniforme naranja de los de limpia, que no le sentaba tan mal, salió a la terraza a fumar un cigarro. La ciudad olía a limpio, el aire se sentía puro como un niño, fresco como el rocío de la mañana, desde la terraza se veían avenida Zaragoza, el metro elevado, se alcanzaban a ver los cerros, el Chiquihuite, los dobles pisos y los nudos viales se recortaban fluidamente sobre los bosques de las lomas del poniente.   

Un alivio generalizado se percibía en la circulación chilanga, en las sonrisas que adornaban las caras defeñas.

El Proto quiso aprovechar la oportunidad para ver si el Gran Carnal después de lo que habían pasado, le daba una mano con los papeles. Gran Carnal salió con su comitiva, llevaba un traje oscuro, una impecable camisa blanca y la corbata amarilla, olía a Vetiver, le habían traído hasta el reloj, Gran Carnal se dirigió muy decidido hacia el helicóptero, el Proto se acercó, conversaron unos minutos mientras las aspas de la aeronave comenzaban a girar lentamente.

El Gran Carnal le dijo, ya subiendo al helicóptero. –Mira Proto, ese es un tema federal, son jurisprudencias distintas y en el alcance de mi gestión actual no reconoceré al espurio con ninguna de mis acciones, omisiones o declaraciones. Mucho menos después de lo que hemos pasado, mira, tu lo has visto, y no es casualidad que se llame FeCal. Mejor vete a Migraciones, mano y si no te arreglan el asunto, cuando sea presidente, me vienes a buscar. Terminó Gran Carnal subiéndose los anteojos y abrochandose el cinturón.

Proto no le dejó cerrar la puerta y le preguntó desesperado que si estaba pensando ser presidente en el próximo período o en el 2012? que pasaría con Andres Manuel? que hacía mientras tanto, si no le daban bola en la migra? El helicóptero empezó a moverse, el rugido de las aspas y el viento se llevaron las ultimas palabras de Gran Carnal.

El helicóptero comenzó a tomar altura y el Proto se alejó sacudido por el viento, sentía que lo había cagado nuevamente, víctima de su destino, presa de su desgracia, héroe anónimo y peristáltico de los polidivertículos chilangos.

Una cruda realidad, la noche de muertos termina en una mañana de desilusión.

Las tripas chilangas

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 2:41 pm

Se presagiaba un final oscuro y maloliente. Armandhino les presentó al Gran Carnal, el maestre de las profundidades chilangas. Baqueano de las entrañas del DF, un perro rastreador en los fangos mutantes más allá de los últimos rastros del metro chilango. Conocedor de lo más hondo de lo ondo.

Gran Carnal más bien parecía uno de esos cuzcos pelados, perrito minetero de lengua fuera, más parecido a un cerdito flaco, se hacía llamar Xolotzcuincle y era igual que un perrito, pero con anteojos que se le resbalaban frecuentemente por su nariz. Así, cara de perro pelado como era no dejaba de tener su encanto. Sobre todo en ese entorno.

En el cuarto nivel habitaban los seres ocres. El aroma era una mezcla de tabaco viciado, baño tapado y suDior de fragancias Fraiché, pero en plan bouquet Tepito. Los humos no tenían salida.

El Gran Carnal explicaba que a los habitantes de estas profundidades los iban acostumbrando mediante una desensibilización progresiva al olor a mierda. Las fases iniciales eran difíciles pero en pocas semanas ya disfrutaban y no podían hacer nada si no comían, olían o lamían su trocito de mierda.

Gran Carnal y Armandinho nos iban presentando a los más célebres del cuarto piso. Jabobo Coludovsky, un hombre que ha habla tanta mierda cada día que se tarda unas buenas horas en desagotar toda la que genera. Xavier Muxat Lechuga, la Maestra, los modelos argentinos, el Jugo Sánchez y los programas mañaneros.

Tanta mierda acumulada sin tener a donde ir, fluía lentamente por los intestinos chilangos.

En el quinto piso del subsuelo mictlánico, ya no encontraban turistas, ni visitantes, el Proto quedó librado a su suerte con unos pocos valientes y seguidores del Gran Carnal que parecía inmune al olor y al panorama de residuos flotantes sobre la brillante superficie de las aguas negras.

La caravana pedorrista iba avanzando por unas enormes cavernas y ríos subterráneos. Extrañas inscripciones marcaban el recorrido. Ningún idioma identificable se desprendía de los diseños. Llegaba un momento en que los signos parecían cobrar sentido, pero podía ser la falta de aire y las emanaciones del fluido cloacal.

En estos pisos nos encontramos con personajes como Javier Alatonta, Carlos Loretitere de Moda, Dënise Merdèr, Jesus Martín Mierdoza, Germán Defeca, Yuanín López Boñiga y muchos otros más cagatintas y hablamierdas, muy orgullosos de su producción mental al servicio del poderoso.

Al llegar al sexto piso del Mictlán el aire era pestilente. Gran Carnal explicaba que los males que aquejaban al DF venían de lo que podía considerarse un enlentecimiento de las funciones cloacales de la ciudad. Esta lentitud para obrar, tan propia de los chilangos, viene acompañada de un ansía de posesión, de adoración, los seres que poblaban lo pisos más profundos del Mictlán era cada vez más avariciosos y acumulaban las riquezas a costa de los demás.

Al Gran Carnal le brillaban los ojos al imaginar como destapar las pesadas tripas chilangas.

En su explicación -embelesante de por sí, por venir de un perro parlanchín- el Gran Carnal iba pintando una ciudad orgánica, un ser vivo construido por los hombres. Se extasiaba con el perfil urbano, con la arquitectura efímera y la identidad barrial. Quería recuperar la voz de la ciudad, su discurso era mareador.

-Te explico, el DF no tiembla, se estremece, quiere sacudirnos de encima. Así como ha ido desarrollando diversas patologías y sus pulmones están hechos un asco, el DF tiene un intestino perezozo, y eso debemos solucionarlo, mira, no nos extrañe, que si no hacemos algo rápido, este estreñimiento termine por taponarnos las arterias.

El Proto miraba el lento fluir de las entrañas defeñas con una cierta repulsión fascinante al ver el destino final de la actividad chilanga. Pañales, soretes, condones, botellas, botellas y más botellas navegaban en el río de mierda. El olor fango fecal había sobrepasado los umbrales del olfato. Se preguntaba que seres mutantes se estarían formando en esas profundidades. Las paredes rayadas, las casuchas hechas con cartones, colchones y restos de ranchadas hacían pensar que sus ocupantes huían de la presencia humana.

El Gran Carnal, siguió explicando su idea de que las evacuaciones chilangas fluyan hacia la cuenca del golfo dejando salir las masas intestinales de la ciudad más atorada del mundo. Gran Carnal se remontó a los aztecas para hacernos saber que ellos dominaban los manejos cloacales por separado de los emanados por Tlaloc, es decir el agua de lluvia por separado de las aguas negras o servidas. Tampoco dejó pasar el detalle que todo esto fue destruido con la llegada de los españoles. Cuando por sus ansias de oro, de acumular riquezas, construyeron una ciudad trancada en un lago estancado.

El sueño de Gran Carnal era una ciudad como en donde vive su hermano. Con prados de flores, el aire limpio y las niñas andando en bicicleta por un DF afrancesado. Pero su visión de un DF bucólico y parisino era amenazada por los afanes posesivos del Turco Fatah. Lo conocerían al llegar al noveno y ultimo piso del Mictlán. Allí donde se acumulaba toda la mierda de la región más astringente.

El Proto miraba a las fuerzas laxantes intentando destrancar el DF. Sus preocupaciones por los efectos del río de mierda sobre los poblanos, se habían diluido cuando el Gran Carnal le explicó la capacidad de los PiPoPes para tragar mierda. Menuda sorpresa se llevaron los valientes limpiatubos cuando llegaron a lo más profundo de lo hondo del Mictlán y se encontraron con el Turco Fatah y el Gordo Caguens haciendo lo imposible para que la riqueza acumulada en siglos de estancamiento y desvío de mierdas diversas no se fuera por el excusado, por así decirlo.

Gran Carnal luchaba para que la mierda fuera para todos, que se excretara parejo, que el fluir de los abonos sirviera para el bienestar de todos, el Turco Fatah y el Gordo Caguens insistían en acumularla. Todos la querían para sí.

La lucha podía terminar de manera hemorroidal o diarreica.

Quien sabe cual será el destino del bajo mundo mictlánico.

Oscuro como culo e’muerto

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 1:00 pm

Los Luciernagos contactaron al Proto cuando llegó el tercer nivel del Mictlán. Habían estado bajando por una red de pasillos cavernosos que desembocaron en un gran anfiteatro. Al llegar ya había bastante gente en el lugar. Muchos de ellos gringos que venían en contingente. Chilangos en familias con canastas de tacos grasientos y heladeras portátiles repletas de cerveza y refrescos. Devoradores de palomitas esperando ver el espectáculo.

 

El Luciernago en jefe, resultó ser un cocacolero de guayabera marrón, un vendedor de refrescos, bastante barrigón y con facha de cabeza olmeca en un cuerpo de Armando Manzanero.

 Proto se decepcionó. Se apartó para hablar con el luciérnago en jefe, haciéndose el que le compraba unas Pato Pascual. Increpó al contacto del más allá. Sus apariencias terrenales dejaban bastante que desear para un medium conectado con el esplendor tolteca, un miembro del linaje de los brujos que pisaron estas tierras.

 

-Loco, que es esto? No es que me queje.. pero, hermano! Explícáme esto porque se suponía que era una cosa más mística, más espiritual. Me contactaron a piedrazos, la hicieron de misterio durante todo este tiempo. Además traje extranjeros, tal cómo me pidieron. Dijo el Proto indignado. El Luciérnago en jefe lo miró impasible y sólo replicó. -Al Pato Pascual lo quéris de cítriscus, de guayab ‘o de mangus?

El Proto dijo rápidamente que los tres de citrus y siguió con su perorata. -Los hice venir a estos dos desde lejos… una de Barcelona y al otro de Argentina para mostrarle algo más profundo y acabamos en una comparsa subterránea. Más parecido a la Arena México con, con…  con el Golden Solid. Dijo el Proto un tanto sulfurado, porque no le salían las comparaciones. El contacto con lo sobrenatural, encarnado en la figura de un vendedor de refrescos le proporcionó al Proto la respuesta que tanto estaba buscando. -Las quéris fríyas o al tiempu? Bueh, pos casi lu mesmo, porque ‘cerrato que están al aire del mictlán, siñur.

Daba lo mismo. Casi lo mismo. Es lo mismo. De pronto la verdad de la fusión tolteca con la sabiduría asiática se le presentó frente a los ojos del Proto. -Dame las que tengas, pero dámelas ya!. Fue su iluminada respuesta.

 

-Le entiendo señor, que esté impaciente. Dijo el Luciérnago en jefe, con su tonada yucateca. –Pero esta gente paga las entradas y de algo debemos mantenernos. Ya ni bien termine el acto, le decimos al Armandinho que nos lleve a conocer al Tecutli en persona. A comer unas achuras, algo de caldo de carne, una buena porción de entraña, el conoce todo por dentro del Mictlán, los otros pisos. Armandinhu le va a llevar. Espere a al fin del espectáculo. No se va a ‘rrepentir. Terminó el Luciérnago en jefe.

 

El Proto se despidió acordando encontrarse con el Luciernago en jefe una vez terminado el espectáculo. Lo del Armandhino y las parrilladas sonaba interesante. Espermos que no sean carnes a la espada y esas boludeces cariocas.

 

El Proto se resignó a ver el espectáculo montado para gringos y perredistas confesos y devotos. Sólo era alentado por la posibilidad de comer parrillada, se repantigó en la butaca en el exacto momento en que se apagaron las luces.

 

El show era una mezcla de delirio nahual con spring-break de los gringos. El escenario tenía una pasarela por las que desfilaban unos demonios disfrazados de chippendales, unos dioses aztecas en tangas, rociando pulque de sus miembros. Algunos se trepaban al estrado para beber de la simiente. La mayoría gringos. Las viejas rubicundas se subían al escenario y se levantaban las remeras alusivas dejando ver tetas de diferente calado.

 

Eso era el Mictlán de la ciudad de México. Un lugar en donde todo se veía posible. La bruma lo cubría todo con un manto de indulgencia, de la blanda entrega a la goce del cuerpo. La música retumbaba. El humo no tenía donde salir. Los cuerpos semidesnudos de los danzantes aztecas. El roce de los cuerpos, los sudores. El humo, el aroma del pulque. El brillo de los plumajes de los danzantes y el chac chac de las conchas, envolvieron al Proto y a sus acompañantes en una experiencia multisensorial.

 

Todo volvía a ser bello. Esta vida volvía a ser bella. Los cuerpos saltando eran bellos. Respirar el humo de olores a cuerpo, a sudor, a perfume barato era bello. Los falsos atuendos brillaban bellamente como en un sueño en cámara lenta. El Proto entendió porque lo habían convocado al Mictlán con ojos forasteros. Ahora podía ver.

 

La danza convertía a los danzantes en seres luminosos. Gurdjieff, Patanjali, el flaco Inri con la Jenna Massolli y las Ponce todos en una tecnorave subcutánea en un inmenso Distrito Federal que no se entera de donde viene su poder. Una red fluida y vibrante recorría los cuerpos que recogían el poder de la tierra a través de todos los orificios.

 

Armandinho guiaba la ceremonia saltando con sus piernas flacas de fauno montuno, moviendo su falo grotesco, arrojando pulque sobre las gringas desaforadas que tanto odiaba al principio y ahora se las veía bellas y cachondas con las bocas abiertas como pichonas recibiendo el regalo de la tierra azteca. Para algunos era sólo eso, sólo eros.

Sólo un ujero.

 

México en día de muertos era pura vida enterrada.

 

Hasta en la muerte hay niveles

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 2:45 am

Los días de muertos México se tiñe de amarillo y morado. Las flores de xempaxochitl, la luz de las velas, el ánimo mortuorio, el aroma del pan y la visita de los que partieron disimulan la carencia del otoño en estas latitudes.

 

Los días de muertos el DF se tiñe de naranja y negro. Las calabazas, los disfraces, los dulce o truco, las promociones de las cantinas y la venta de chocolate se disparaban, como queriendo disculparse por no ser del todo gringos.

 

El metro Panteones no era la excepción. Vestía todo de gris, morado y naranja. Hasta los vagones del metro orgullosamente reacondicionados por tenicos chilangos parecen  un gusano naramoradonja que deglutía humanitos y despedía piltrafas, zombis, subhumanos.

 

Todo parecía una alucinación de clase B. Los uniformes vampíricos de los guardias. Los puestos vendiendo chocolates y los niños pidiendo calaverita vestidos de fantasmita, de cura, de viuda. La Santa Muerte voceando las próximas noticias de su colección. El avionazo de Mouriño Aterrizo, más Chicas en Juárez, las Carreteras ensangrentadas de los puentes. Las portadas del Alarma y del Ooorale!.

 

Llegaron a la taquilla y empezó la bronca. El Proto como siempre no tenía un peso encima y quiso entrarle a las rebajas por el lado ideológico. Se adelantó hacia la ventanilla donde vendían los boletos, y ante las miradas incrédulas de gringos y chilangos siempre bien formaditos, empezó su labor de convencimiento.

 

-Oiga, acá hacen descuentos a extranjeros? Dijo golpeando el vidrio. Traigo dos para promover el turismo a nivel internacional, pienseló como negocio jefe. Ah, le parece? El tipo dijo que no. –Todos pagan.

 

El Proto no se dio por vencido. -Yo voté al Pejecito y al Ebrardino, me hacé precio? El pobre hombre de la ventanilla no entendía de qué le estaba hablando. El Proto insistía. -Soy de los de la primera hora. Vengo usando el sistema de transporte desde las primeras horas de la madrugada. Usted debería solidarizarse con aquellos que compartimos una misma identidad subcutánea y dejarnos pasar y cobrarle la diferencia a los gringos.

 

 Algunos chilangos empezaban a sumarse a la iniciativa, alentados por la posibilidad de rebaja. -Si esto es estatal, si los Marcelinos se dicen socialistas. La entrada debería ser gratis. Siguió el Proto. -Gratis y orgullosamente subterránea. Arengó el Proto, y la turba entró en un estado de alteración propia de los chilangos cuando deben tomar partido.

 

Las correctas y silenciosas filas se transformaron en un avispero de murmuraciones,  excusas y después de usted, salidas por la tangente y mediatintas que terminan disolviendo cualquier impulso innovador en la molicie más sosa; o los ánimos se exaltan y la cosa deriva en linchamientos tumultuarios, matanzas mancomunadas, sangrientos desacuerdos.

 

La identidad chilanga es voluble. Enemistades ancestrales salen a flote a la hora de tomar una simple decisión.

 

La iniciativa no prosperó y el tipo de la ventanilla continuó su labor mercenaria. -El Inframundo Chilango, una payasada del PRD para hacerse los telúricos. Gritó el Proto regresando a la fila.

 

Para apaciguar los ánimos apareció un monigote disfrazado de Xoloescuintle, haciendo ofertas y promociones. -Hasta en la muerte hay niveles. Justificó el monigote del Instituto del Inframundo Chilango, señalando un cartel pegado al vidrio, que decía Descuentos sólo a tarjetahabientes del INAPAM (Instituto Autónomo Para Alabar a Marcelo)

 

-La estructura del gobierno capitalino reproduce las estructuras sociales en las que se inserta, caballero, damita. Siguió vociferando el grotesco Xoloescuintle. -Pueden adquirir el pase para conocer los nueve pisos del Mictlán, o tomar el metro chico e ir directamente al lago de los nueve ríos, en dónde se encuentran los muertos por ahogamiento, por muerte natural, atragantamiento, sofocamiento y muertos viales, categoría que hemos que tenido que incluir para adecuarnos a los tiempos.

 

Los gringos asentían con gesto de ‘que moudernos’, “que divertidou”. -Ambos pases incluyen barra libre, pero sólo el primero incluye acceso al espectáculo bailable de luz y sonido. Terminó –inflexible y pecuniario- el guía que estaba disfrazado de Xolozcuintle. Los gringos aullaban de placer ante la posibilidad de un esprinbreic en pleno noviembre.

 

Max sacó boletos para los nueves pisos y el espectáculo.

 

Proto y la Xica se quedaron mirando unas vitrinas con una muestra de toda la estética de la muerte chilanga, que iban desde los Tzompatlis al Guadalupe Posadas. De los empalados de Cortéz a los encobijados de Tijuana. Al Proto ya se le había pasado la bronca. Iba muy divertido, la Xica se estremecía ante tanta crudeza.

 

Max volvió con los boletos y se dispusieron a enterrarse en lo más escatológico de México.

noviembre 1, 2008

¿Acaso en verdad se vive?

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 6:40 pm

Tomaron un taxi para ir hasta el Metro Panteones.  Pararon un viejo Volkswagen de dos puertas, al que le había quitado el asiento del acompañante para facilitar el acceso y con una cuerda el chofer tiraba la puerta para cerrarla de un certero golpe. Rosarios, estampitas y una medalla de la santa muerte adornaban el interior del Vocho, como cariñosamente los conocían en México. Se resistían a desaparecer a pesar de los controles de la policía y el progreso mal entendido que logró que se dejen de fabricar. El Proto siempre preguntaba a los taxistas adónde habrán ido a parar los asientos de los Vochotaxis. Así había encontrado historias de toda clase. Pero esa conversación sólo la tenía cunado iba sólo.

 

Primero subió Max, luego la Xica y cuando subió el Proto el pequeño Volkswagen quedó tumbado hacia la vereda. El conductor pareció no enterarse. Se acomodaron como pudieron. El silencio y una mirada inescrutable a través del espejo fue toda la respuesta a los saludos de buenas noches de Santinho y la Xica acostumbrados a otras latitudes. El Proto dictó perentorio. -Al Metro Panteones, y te vas duro por Mar Muerto hasta Legaria, que tenemos que estar antes de las doce. Sí, mi jefe, respondió solícito el taxista intentando hacer entrar la palanca de cambio que se resistía con un ruido a engranajes torturados.

 

Finalmente arrancaron y el Proto comenzó a contarles de Los Luciernágos. -Es una tribu urbana de gente común que viven en las profundidades. Seres traslucidos que resultan dañados por la luz del sol. Viven en el metro, viven bajo tierra. Algunos hasta trabajan en el metro. Sólo saln algunas noches y con fines muy determinados. Se dice que vienen de una estirpe de nahuales que quedaron atrapados en el sexto piso rumbo al Mictlán cuando bajaron a robarle huesos a Mictlántecutli. Ellos defendieron a Quetzalcóatl convertidos en abejas y en gusanos y permitieron que se lleve los huesos y el secreto de la reproducción para que la tierra sea habitada por los hombres que hoy conocemos. Quetzalcóatl se llevó huesos de hombres y mujeres.

 

Y así debía poblar la tierra de guerreros toltecas. Armónicamente construídos con cenizas, sangre, huesos molidos y soplos de Huitzilopotli y Quetzalcóatl que dieron a luz a Oxomoco y a la mujer llamada Cipactónal. Pero entre tanta celebración y besitos, se olvidaron de los nahuales en el fondo del Mictlán. –Los nahuales? Los dobles de la guardia de Quetzalcóatl, quedaron atrapados en el Mictlán? Y ahora los vamos a ver? Quiso asegurarse la Xica. Ya en la cena había caído en varias de las bromas del Proto. Ya no sabía cuando estaba hablando en serio. –Bueno, no a verlos a ellos. A sus… digamos… continuadores. Es como que algunos tal vez desciendan de aquellos naguales, y otros… que se yo.. tal vez sólo viven bajo tierra. Ya veremos, nunca bajé más allá del drenaje profundo, digamos tercer, cuarto nivel del inframundo. Acá a la derecha, por Legaria hasta el metro. Indicó el Proto de repente. El taxista iba absorto en la conversación.

 

De lo que estoy seguro –siguió diciendo el Proto- es que los tonales de estos naguales fueron los primeros mexicas. Los primeros mexicanos, que se robaron el maíz. Hombres-mono que se comían las serpientes, que comenzaron a comer corazones de gente, a querer saciar un hambre de luz y de elevación espiritual pero a la vez una necesidad golosa de comer entrañas, de beber la sangre espesa y caliente, sorprenderse de que la vida sea un misterio al que no podamos llegar sin un nahual. Empezaron robando el maíz y por eso la sensación de escacez que los embarga. Esa desesperación por acumular, por tragar, por embutir comida en esos cuerpos. Los mexicas eran toltecas que quedaron como tonales con un nahual bajo tierra –Ahí va de novo, pinche Proto. Dijo la Xica que aprendía el chilango con mucha velocidad. –Que chingaous son los tonales?

 

El Proto movió las manos como amansando una pelota. –Somos seres dobles, esa es la cosa, un tonal y un nahual, el tonal hace las cosas cotidianas y el nahual las del mundo del espíritu. Así de simple, de Patanjali a la fecha lo han dicho todos de una u otra manera. Estos cuates los toltecas, lo decían así, el tonal y el nahual,  pero como los toltecas habían avanzado un paso más eran capaces de hacer  trabajar el tonal y el nahual de manera armónica y pasar de uno a otro lado fluidamente. Los mexicas no. Porque quedaron sólo tonal. Por eso se deleitan en sólo comer fritos, grasas, beber hasta el desmayo, sólo tonal. Acá nos deja. Dijo el Proto, viendo las rejas del cementerio israelita.

 

El taxi se detuvo, el Proto bajó dificultosamente, se golpeó la cabeza contra el techo y el vochito se balanceó. bajaron los tres, Max se desesperezó despues de estar apretado en el vochito. El Proto insistió en pagar y le estiró un tostón al taxista. El tipo se inclinó un poco para verlo y le dijo. –No tengo cambio. Mejor déme un poco de esa que fuma usted, Jefecito. El Proto miró al tipo a los ojos para saber con quién estaba tratando y reconoció la mirada profunda del que anhela volar a ver a María. Sacó medio cigarro que le quedó de antes de la cena, y lo dejó caer en el piso del auto, donde antes estaba el asiento del acompañante.

 

-Está tan buena que me deberías dar vuelto, guey. Dijo el Proto y cerró la puerta.

 

Llegaron a Panteones unos minutos antes de que cerraran las puertas al Metro. Los Adelitos habían llegado a un acuerdo con el gobierno federal. No les devolvían las tierras pero les permitían encuerarse cerca del monumento a la madre.

 

Compraron unos boletos, cruzaron los molinetes y empezaron a bajar.

El otro lado

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 5:55 pm

Ni bien entró al Penacho, Santinho supo que el Proto estaba allí. Su voz grave reclamando al mesero que porqué no puede fumar si quiere. Que sus pulmones son suyos y no del Gobierno. Y que lo único que falta es que estos conservadores disfrazados de perrredistas quieran privatizar al aire y aprovechaba en lo que llegaba el gerente para terminar el cigarro. El mozo insistía en ofrecerle una mesa afuera, en el área de fumar. Max y la Xica llegaron a la mesa cuando el Proto replicaba, aplastando la collilla en el platito del pan. -Si quisiera fumar afuera me hubiera sentado afuera, pero tengo la costumbre de fumar bajo techo. Además, la terraza no es un buen lugar para estar en noche de muertos y con la luna saliendo. Proto se calmó al ver a Max aparecer con una mujer un tanto extravagante que miraba el techo, la cocina y el trajinar de las meseras con sus trajes coloridos con aire de fotógrafa mental. El mozo suspiró, creyendo que terminaban los problemas y recogió el platito con las cenizas; pero la noche estaba en ayunas.

El Proto se paró y abrazó a Max levantándolo en el aire. Cosa fácil porque Max era huesudo pero liviano, levantarlo al Proto le costó un poco más. Finalmente se agarraron por la orejas, golpeándose las cabezas y dando unos golpes rítmicos con la planta de los pies, imitando una extraña danza de monogallos que llamó la atención de algunos borrachos y despertó las risas de las chicas.

Finalmente se soltaron riendo y dándose palmadas en la espalda y cariñosos insultos.

La mujer seguía riendo. Tenía el cuello muy largo y los pies de pato pero destilaba belleza, con su pelo entrecano y el aire juvenil. Max se la presentó. Se llamaba Xica Rogers, de padre canadiense y madre brasilera, tenía una cara como de haber pasado varias vidas mirando a la distancia y arruguitas al lado de los ojos. Santinho casi nunca había hablado de su mujer, le contó hace tiempo que se había casado, de los hijos. Siempre que se encontraban recordaban viejos tiempos y quedaban de mandarse fotos. Pero por hache o por be, no lo hacían. Hacía mucho que no hablaban de eso, pero el Proto creía recordar que se había casado con una chica de su pueblo.

Se sentaron y el Proto comenzó a explicar su teoría de las realidades paralelas y algunas otras investigaciones, que según él iban dando resultados. Esta noche si querían acompañarlos iban a intentar entrar al Mictlán por el metro Panteones. Somos un grupo de practicantes que esta noche intentaremos pasar al otro lado.

-Que es o Mictlán? preguntó Xica, intrigada. -No sabes en la que te has metido, suspiró Max resignado. El Proto siempre se las arreglaba para encontrar nuevas orejas que llenar con su verborragia.

Hablaron hasta bien entrada la noche. Fueron de los aztecas al libro tibetiano de los muertos, de las momias de Guanjuato al Gauchito Gil. Pasaron de la Jemanjá a los tensegretas toltecas. Regaron la cena con chupitos de tequila y cubetazos refrescantes, pidieron tostadas de guacamole con gusanos de maguey, tamalitos oaxaqueños, pollo con mole negro, calaveritas de alegría y café de olla.

El Proto contó de Kinoloviu.net y de su corazón desarraigarraído. Que siempre había estado entre feroces decisiones que lo dejaban exhausto y melacólico. Que vino a México a buscarla a ella y descubre que se ha fugáo a Cataluña, la cabrona. Que el amor lo esquiva. Que la tibieza de una mujer que lo soporte le ha sido negado vida y media que lleva recorrida.

Les contó de sus proyectos y que por fin se le había dado una buena con el Kinoloviu. Que ahora con el Rusito estaban pensando hacer un convenio con SecondLife para que las parejas que estén distanciadas o se están conociendo puedan vivir su romance, checar sus preferencias, discutir sus diferencias en un ambiente virtual y controlado. En el futuro eso se podría utilizar para reeeducar a las parejas mediante la conexión del SecondLife con el BioNeuroFeedback, -el Proto hablaba como mirando el fuego, Santinho comenzaba a preocuparse de que esté tanto tiempo con el rusito- y que el aprendizaje y preferencias de tu pareja virtual se sincronicen con el usuario y para cuando se ven por primera vez o se reencuentran ya están los dos compatibilizados. Así garantizamos un contacto seguro y amoroso desde el primero momento. Eso sería un hitazo! terminó y sirvió otra ronda de tequila en los vasitos cantineros.

-Its disgusting, Proto! Es una locura. Dijo la Xica exhaltada. -Nenguno te compraría eso, Proto. Santinho ponía cara de no te metas, no te metas, dejálo correr que sólo se calma. -O mais bonito de la vida es a diferencia, es ir descoberendo al outro. A sorpresa. a sorpresa is life. not second life. esta es a vida real, Proto. Terminó la Xica golpeando con el dedo sobre la mesa, Santinho le sostenía la otra mano cautelosamente, el Proto puso cara de qué fácil que me calan las mujeres, soy más fácil que la tabla del uno. Tragando en seco, el Proto salió del aprieto contratacando y preguntó. -Y us tedes como llevan su pareja?

Ellos le contaron que sólo se veían tres semanas cada cuatro años. El Proto creyó que Max le estaba tomando el pelo.

Le contaron parte de la historia en resumidas cuentas y de los viajes alrededor del mundo y el bingo de ciudades y los tiempos de distancia. Los años de silencios y las memorias de la piel.

-Que no es tu mujer, cabrón? Pinche Santinho! Que no es tu mujer, Santinho? Te viniste a México de trampa, Mi gallo pisador! Exclamó el Proto elegante como siempre.

-Es mi mujer. La mujer de mi vida, dijo Santinho acariciando a Xica, queriendo mantener el encanto del momento. -Cada cual tiene su vida y su gente que cuidar, nos debemos a otras cosas… por ahora. Terminó con dulzura y se dieron un beso como si tuvieran la vida por delante. -Ya llegará el momento de estar juntos.

-Hijos de puta! no cuenten guita enfrente de los pobres! Sin amor la vida es muerte, así que vámonos pal otro lado. Dijo el Proto, levantando el caballito con tequila. Brindaron sonoramente y se lo tomaron de un trago. Pidieron la cuenta y cuando ya estaban saliendo la Xica Rogers se acercó al Proto y tomandolo del brazo, ya un poco picada, le dijo. -Tein que ir por ella, it only leave happen. Its magical, Proto, e’ magia. Lo que sueñas lo consigues.

Salieron a la Calzada Tacubaya un poco risueños y pipones; felices y burlones de la muerte que a todos nos alcanzaría, no importa lo rápido que corramos o lo escondido que nos quedemos. El muerto al pozo y el vivo al gozo dijo el Proto feliz de poder fumar finalmente.

La México-Tacuba lucía fantasmal con la luna hecha una raja de chile manzano sobre el bosque de Chapultepec.

El Penacho de noche

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 4:17 am

Pasando Circuito Interior la calzada se volvía más amable. Ya no quedaban manifestantes, el cierre del tráfico había despejado la calle. Tacuba se volvía más ancha pero seguía perdiendo aceite por el lado de la verguenza irremediable que azota esta zona desde que Cortés pasó corriendo perseguido por una tropa de guerreros águilas, ocelotes y jaguares por la calzada. Chihuacoatles y chicomecoatles desde las canoas a los lanzazos. Y adelante la triste noche de lamerse las heridas pasando Popotla.

Proto confiaba que algun día, alguna noche el paisaje cambiaría  frente a sus ojos, si el Gordo Florentino lograba detener a Hernán apenas bajado de barco. Y las consecuencias del destrozo desaparecerían en una nueva atadura de años. Esta noche su amigo Max Santinho le presentaría a alguien que podía ayudarle a pasar al otro lado.

Quedaron de verse en El Penacho. Era una fonda tradicional que había comenzado a poco después que el lago comezó a secarse, en esa época Cuhitlauac y Anahuac eran zonas de quintas y haciendas de los conquistadores. Primero se llamó la Fonda del Penacho, porque allí pusieron algunos trofeos despues de la caida de la gran Tenochtitlán. Con el tiempo se fueron perdiendo, la fonda cambió de manos, fueron cambiando las cosas por otras falsas y terminó siendo una cantina de mala muerte. Lo unico que conservaba de aquella época era el nombre y una cazuela de barro en la que se preparaba el café de olla.

El café de olla del Penacho era un arcano mexica que pocos conocían. Había tomado el primer fuego en 1628 y no había dejado de tener calor desde aquella época. Pacientes cafeteros traidos de las montañas de Oaxaca, de Chiapas, hasta de Guatemala se encargaban de cuidar el cafe día y noche rectificando los sabores, manteniendo el equilibrio original entre la canela y el piloncillo, el clavo y los granos de pimienta negra que vertían secretamente entre gotas de sangre de sus yemas. El café del Penacho le sacaba la curda al más mamado.

El Proto eligió una mesa en el medio del salón y pidió un Herradura derecho y una Pacífico. Le trajeron las bebidas con un platito de limones cortados en gajos y otro con sal.

La noche triste

Archivado en: El Proto a la fecha — Protochilango @ 3:46 am

La antigua Tenochtitlán estaba unida a tierra firme por medio de calzadas como Tlacotlalpan, Iztapalapa y Tepeyac; había otras vías terrestres menores como la calzada de Cuitlauac, la de Tenayuca. Algunas tenían la particularidad de tener por puentes de vigas, hechas con madera de amate, apra que las embarcaciones y los flujos hidricos circularan sin inconvenientes. Las corrientes internas eran reguladas y las inundaciones se preveían medainte diques y albardones, la verdura se cultivaba en unas huertas flotantes y la vida transcurrían bellamente al pie de los volcanes.

La calzada Tacuba es la más triste de todas, pensó en Proto emergiendo del metro Bellas Artes. Sobre todo porque como se había cerrado el servicio subterraneo por una amenaza de bomba de “Los Adelitos”, una agrupación de indigenas Coras que tenía la costumbre de pararse en pelotas frente al trafico para reclamar por el despojo de sus tierras por parte de los abusivos gobernadores tropicales. Las manifestaciones tenían el centro paralizado.

La calzada Tacuba es la más triste de todas porque allí se marcó el principio desequilibrado y mentiroso de esta ciudat, pensó el Proto. Encendiendo un charuto mientras los polis charros recorrían La Alameda. Cuando los Aztecas se hartaron de Cortés y lo sacaron a patadones. Él y sus secuaces salieron corriendo por la Calzada de Tacuba. Como les habían sacado los puentes, muchos cruzaron nadando o chapoteando, algunos se agrandaron como el Alvarado diciendo. -Que mira tío, que salto más grande que he dáo que vine a parar del otro láo. 

Igual perdimos, dijo Cortés y se largó a llorar bajo un arbolazo mientras el reflejo de los templos incendidados sobre los lagos que coenzaron a secarse porque el Hernán había roto los diques para pasar con sus barquitos. Que brutos tiene que haber sido los españoles, pensó el Proto. Porque carajo no vinieron los franceses, puteó el Proto por lo bajo. Esquivando manifestantes con pancartas y protestantes con petardosy peregrinos cargados de flores amarillas en el mismo cuadro todos misturáos.

Los largos dormitan bajo el asfalto. Hoy es imposible andar en canoa por estos rumbos. Sólo se conservan los nombres. La México-Tacuba, el Puente de Alvarado, el árbol de la noche triste. Sólo los nombres perduran.

Debería caminar hasta El Penacho. Se iba a encontrar con su amigo. Santino, que de santo tenía poco.

Esta sería una noche larga.

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